Month: septiembre 2009 (page 1 of 2)

Scattering mexicano

Si me preguntan por qué dejé de ver a tal persona o qué pasó en tal año, la respuesta es “no me acuerdo”. A veces vuelve una señal mínima -un sonido imperceptible, una señal, un gato arañando el mármol- y me rebelo contra mi propia falta de sensibilidad, haber soslayado personas u oportunidades. Tanto peor: qué estaré haciendo hoy que me impide ver lo esencial, aquello sobre lo que me preguntaré mañana.

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El branding y el Judo Moral

Muchas veces, en casos bastante concretos de Telcos -tanto fijas como móviles- hemos visto ejemplos de la eterna lucha entre el glamour del branding y la “cosa real” del servicio en sí mismo. El primero es la cáscara que percibe, bien o mal, el cliente, y el segundo es el núcleo, a menudo tecnológico, a menudo desvirtuado. Por citar un ejemplo, véase el framework presentado en la ITS de Roma hace un año.

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Nueva ley de medios en ArgieLand


Homenajeando las caricaturas retro de JetPack, y recreándolo con textos de la argentinidad cotidiana, se pueden lograr buenos resultados.

Algo que no entró en el font11 del cartoon: si una Telco hace las cosas bien, y los clientes lo entienden así, y se logra cierta masividad… bum! Límite del 35% impuesto por default. Hay una muy buena nota al respecto de Enrique Carrier en La Nación.

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Grupos de trabajo: la función Zombie

Hoy es un sábado productivo, tal vez a causa de las decepciones deportivas. Acabo de caer en este gran gráfico que expresa rápidamente muchos pensamientos -el crédito es de Passionate Users-. Parafraseando a Morrisey, “The more you ignore me, the closer I get” podría ser la canción cuyo audio acompañara este gráfico. Uno evita ser excesivamente auto referencial, pero hubo veces en mi historia laboral que creo haber estado en el extremo derecho-abajo (especialmente cuando “gestionaba” sin saber mucho). Por suerte, durante más tiempo creo haber estado en el sector izquierdo-arriba (cuando creo haber tenido más experiencia, y contaba con gente que quería aprender). En áreas de ventas esta dependencia es especialmente sensible: puede uno hacerse cargo de la cuenta, con la propia iniciativa, o debe esperar en cada instancia al manager? La realidad muestra que estamos en algún punto de la curva azul. Tal vez el ideal esté en movernos de derecha-abajo hacia izquierda-arriba, tanto cuanto sea posible. No queremos que nuestros colaboradores sean zombies, no queremos controlar todo, hay que reunirse una vez por semana y definir lo importante. Pero atención que la curva depende de X (el jefe) y de Y (los empleados), y que seguramente hay pautas culturales que empujan la curva para uno u otro lado. Siempre hay una vuelta de tuerca. Uno siempre es el empleado (o el zombie?) de otro… así que vale también la introspección en este sentido.

John K. Toole – La Conjura de los Necios

Las tres imágenes coinciden en mi mente, como tres hojas A4 una sobre otra en una mesa, apenas rotadas una respecto a otra. El personaje, el autor y el lector. John Kennedy Toole tuvo una corta vida: se suicidó a los 31 años. Su madre Thelma, quien lo hostigó en vida, fue igualmente persuasiva con el editor Walker Percy, para que el personaje Ignatius Reilly cobrara vida en las páginas de “La conjura de los necios”. Yo mismo hojeo nuevamente las páginas de la novela y me detengo en que Ignatius era -es, lo es cada nueva vez que hojeo la novela- una otredad mayúscula y singular. Mi único obstáculo en el placer es que cada relectura significa deshojar las páginas y destruir la obra. Anagrama es a los libros lo que los vinilos a la música.

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El gran Norte bolivariano

Estar en el Norte de América del Sur es casi un oximoron. Casi tanto como llegar a Caracas y que te rodee una cohorte de choferes de taxis, cambistas y buscavidas: un dólar puede valer 2, 5 ó 6 bolívares. Una hora después cambio mal y elijo peor el taxi, que luego de lentos rodeos “oiga maestrico, esto está chévere, hace un año hubo un derrumbe y tardábamos 4 horas” por caminos de sierras y túneles azulejados me arroja en un hotel ex Hilton de actual dominación chavista: el Alba Caracas, algo así como un hotel ideal para convenciones de masoquistas. Calor, lluvia, y aún así encuentro que media hora de running por el parque Los Caobos no es mala experiencia.

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