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Al domingo le quedaban pocos pulsos. El sol que quedaba agotaba su esperanza de primavera, y del resto sólo podía exprimirse invierno, y alguna alegría del triunfo agónico de Estudiantes. De la clase de elongación sólo quedaba un racimo de esqueletos en tensión derramándose hacia la salida del club. “Vamos a ver a la Tía L., que está en el Mater Dei” me dijiste, y de paso vemos si hay algo en el #Filba. Lo escuché y casi lo pensé con hashtag.

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