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Al Domingo le quedaba poca vida. Exprimiendo el sol lo único que salía era Invierno. Tras la clase de elongación la gente se derramaba hacia la salida del Club. Me sentía estúpidamente bien, pero solo era porque había ganado Estudiantes. Poner la mente en blanco, sentir el vago desconcierto de la felicidad y suponer que se trata de fútbol. Yo mismo iba desbarrancando en la liturgia de la depresión dominical. Me dijiste “vamos a ver a la Tía L., y luego a ver si hay algo en el #Filba”. Casi escuché el hashtag. Salimos del Club, era casi de noche, hacía frío.

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