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Al Domingo le quedaba poca vida. Exprimiendo el sol, lo único que salía era Invierno. Tras la clase de elongación la gente se derramaba hacia la salida del Club. Me sentía infantilmente bien. Es un ejercicio raro: poner la mente en blanco y sentir el vago desconcierto animoso. Solo al rato recordé que había ganado Estudiantes, y que caminaba desbarrancando en la liturgia de la depresión dominical.

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