Month: noviembre 2012

Constitución

Si hubiera alguien a quien hablarle, le diría que esta vez soñé en colores. Añadiría que para compensar las usuales tinieblas, la acción transcurría bajo tierra. Imagino gestos de incredulidad. Debería terminar de aclarar que en mis sueños todo ocurre de noche. No hay luces naturales o artificiales; esto lo atribuyo a mi feroz miopía original que persiste décadas después, reclamando el lugar que ha perdido en la vigilia. En mis sueños cada objeto emite un resplandor muy débil que alcanza para nutrir los contornos y poco más. Pero esto exige que con frecuencia deba acercarme a cada letrero, cada detalle, cada rostro, para que ese pequeño fulgor, que se atenúa muchísimo con la distancia, me sirva de algo. Esto cansa, e invariablemente -al revés que en la vigilia- el continuo acercarse a los objetos para verlos mejor hace que me despierte aún de sueños interesantes, y que me despierte con fastidio, culpando a viejas miopías de nuevos insomnios.

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James Bond encuentra al nuevo Q frente al “The Fighting Temeraire” de Turner


Acerca de “Skyfall”, la última película de Bond, rescato el siguiente hecho.

Bond (la vieja guardia) enfrenta al jovencito Q. No sólo se establece un buen diálogo sobre que ni la juventud ni la experiencia, por sí solas, garantizan nada, sino que lo hacen frente a uno de los mejores cuadros de Turner.
El barco en cuestión fue clave en la batalla de Trafalgar.
El cuadro se encuentra en la National Gallery de Trafalgar Square.
El joven Q se conmueve. Bond, en cambio, ningunea al cuadro.
De lo que se habla es del debate entre vigencia (la que pretenden Bond y M. para el servicio MI6) y la decadencia (la que inspiró a Turner para pintar el viaje último del noble barco, hacia su destino final de desguace).
Todos tenemos un germen de grandeza que nos impulsa a continuar siendo vigentes, del mismo modo que  nuestro reloj interno late hacia nuestra decadencia. La puja entre ambas cuestiones es, entonces, el tema central de Skyfall. La cruzada absurda, hasta el fin de nuestros días, es evitar quedarnos con la pirotecnia de las persecuciones, o los recursos artísticos demasiado evidentes como la cita de Tennyson sobre la dignidad de enfrentar el obstáculo, declamada al promediar la película.
Lo extraño es que casi toda la gente vive negando la decadencia y la muerte, ninguneando nuestro desguace final tal como Bond desdeñó al cuadro.

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