Month: septiembre 2014

Ursula Le Guin, Kimetto y la jerga de los corredores

En la novela de Úrsula Le Guin llamada “El nombre del mundo es Bosque” los terrestres esclavizaban un mundo de homínidos  chiquitos, deforestaban su planeta y acometían una serie de atrocidades. Los esclavos salían corriendo a ejecutar sus tareas bajo el mantra “ya voy, rápido-volando…”. Las imágenes del keniata Kimetto rompiendo bajo la puerta de Brandemburgo el record de las 2 horas 3 minutos me devolvió al recuerdo de ese libro, y a la pregunta acerca de qué tan difícil es bajar las dos horas?

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Los videos cortos: el nuevo interés de Netflix

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Una visión muy rápida de los últimos cambios en la industria de los medios y de las telecomunicaciones arrojaría el siguiente resultado: todo lo que da ingresos debe ser móvil, todo lo que suena a nuevo se centra en buen contenido.

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Muerte en las canchitas de Ocampo

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La noche en el partido de fútbol 5 de Ocampo venía difícil. Los equipos habían sido armados de apuro, y en veinte minutos estábamos perdiendo 4 a 0. Todos los ataques nuestros: palos o rechazos. Todos los ataques de ellos, goles. A veces es así.

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El compositor y su instrumento

Como se ve en este spot de hace pocos meses, el compositor y conductor de orquesta Esa-Pekka Salonen usa un iPad para crear música a cada momento. Su meta es hacer llegar música clásica a una audiencia más vasta. Su método, como se ve, aprovecha los momentos libres y va desde lo más ecléctico (papelitos con ideas) hasta el uso del iPad.

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Escritura continua, Kate Upton y Jennifer Lawrence

La lectura como acto privado y silencioso es más reciente de lo que pensamos: data del Medioevo. Lo que pemitió esto fueron los signos de puntuación. Antes todo era “scripto continua” y -aunque resulte increíble- lectura en voz alta. Imaginemos que la lectura era un acto público de increíble presión donde el lector memorizaba el texto y era avisado por un instructor sobre dónde convenían las pausas. Pensemos que el sentido sólo podía emerger gracias a una correcta lectura en contados casos. Quienes pusieron orden y permitieron la lectura como acto individual y silencioso fueron unos monjes en Irlanda, guiados por la necesidad de abaratar códices, acelerar réplicas y mantener el sentido en las sucesivas copias. Lo cual nos da una idea de un proceso tecnológico que requería mejoras. Una paradoja: mil años después, las direcciones de Internet -complicadas, apretadas, larguísimas- recogen sin saberlo esta suerte de legado de escritura de corrido.

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