Elephant-Castle

El viaje venía bien. Ya había pasado la conferencia en Dublin en el Trinity College, con ese balance entre entender a otros y dar a conocer la publicación propia. Al final de cada ponencia no se aplaudía, sino que se golpeaba con los nudillos los pupitres de madera: mínimos repiqueteos de espartana gloria académica. El resto del tiempo admiré la cama con dosel del Davenport Hotel, vi gente nadando en el helado río Liffey, y me emborraché en los bares de rigor. Conservo esa imagen de Dublin: el Temple bar atestado de hinchas de fútbol en celebraciones fraternas e inestables.

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