Agua arriba, agua abajo

No hay que abusar de la intimidad en un blog. Pero habiendo desviado el curso de las cosas serias para el lado de Snark, bien puedo hacer una licencia poética y contar algo sobre el día de hoy en este naciente blog.

Todo salió mal. Agua en el cielo, en mi traje, un río en Niceto Vega al final del día. Y mientras esperaba que el torrente pasara en un negocio de antigüedades que estaba cerrando, pensé en recordar la sensación y escribirla luego. Pensé en el odio, en cómo la gente puede ningunear tu propio equipo, tu esfuerzo, y sumergir todo en vanidad, en hacerte remisero para que un huésped extranejero llegue, en condenarte al ostracismo simplemente por no agacharte lo suficiente Y qué importaron tus compromisos de hoy y de mañana, qué importa si ellos deben quedar bien y apagar sus incendios con tanta agua.

Había un loquito en el negocio de antigüedades que miraba la lluvia como yo, y hacía «uú-uú-uú», no podía hablar ni se animaba a cruzar la calle. Se quedaba quieto, refunfuñando y musitando su ruidito. Tal vez para estos ninguneadores yo sea como uno de esos loquitos, ululando y mirando el torrente por Niceto Vega.

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