El falso balbuceador

El camino del infierno está lleno de falsos balbuceadores. Gente que pretende colocarse en un plano inexistente de vacilación y -como quien remonta un barrilete- hace judo moral con su interlocutor, ascendiendo al universo de los grises, pretendiendo arrimarse a una posición intermedia de la que secretamente desconfía. El falso balbuceador tremola para no tener que oponerse.

Hace poco descubrí a un amigo con ese nuevo tembleque vocal; quise detenerlo pero siguió provocando pequeños sismos en su papada. Sus ausencias ahora correlacionan con ese tremolar. Más tarde descubro que el inefable Víctor Hugo Morales, cuando quiere quedar bien con un entrevistado, usa admirablemente un prolijo balbuceo que da cuenta de la inversión de su signo político. Tal vez entregar al oponente la aparente debilidad de una mala dicción signifique tan sólo un peón, una pérdida pequeña en un ajedrez largo y muy complejo.

Mire a los ojos al falso balbuceador. Advierta si repetidamente usa el «a ver» en su alocución, o si achina los ojitos, como si le fuera imposible enfocarse o entrever al otro. Péguele, péguele repetidas veces. Habrá hecho justicia.

4 Comments

  1. A Sir Charles le molesta sobremanera el balbuceador serial con muletilla «digoooooo…»

  2. Sir Charles,
    y si te mando un «lo que yo digo es…», eso te va?

  3. jajaja, muy perspicaz… hasta hiriente a carne viva aún… Contraataco: «si querés… de alguna manera…» otra muy molesta muletilla…

  4. Igual juro que el sujeto no fue mi fuente de inspiración, sino la falsa inteligentzia que veo en los bares chacalermitanos. En particular las jewish princess de cerebro nulo y múltiples afectaciones.

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