joe strummer marathon londonEstoy parando en un Airbnb de Stockwell. Hablo con la dueña sobre lo que pasa en esa maraña de pequeñas identidades entrelazadas que es el Sur de Londres. Entusiasmada me cuenta cosas de Joe Strummer. El tipo salía con una amiga de ella, y ambas fueron invitadas una noche de los 80s a la salida de la función de Los Mescaleros. Aquí se acaba la ficción: la dueña se sintió mal esa noche y nunca fue. Joe Strummer murió de sobredosis a la semana siguiente. «Me lo perdí», dice.

Debo meter baza. Le cuento a la dueña esa historia sobre Strummer corriendo varias veces la marathon de Paris. Uno supone que 42km para alguien más afecto a las drogas que al Gatorade es difícil. Joe decía que su receta era «nada de training y diez pintas de cerveza la noche antes, pero no prueben mi método».  Las fotos, los comentarios en los foros y algunas planillas de clasificación parecen alentar lo que aún me parece mito.

«Pero el que es de acá es David Bowie. Es de Brixton» insiste la dueña. Al rato salgo en bici a dar vueltas por Brixton, buscando evidencias de David. El lugar no difiere de otro suburbio: clase media, pocas pretensiones. Algunos graffitis recuerdan al Duque Blanco. Cuando vuelvo la dueña agrega otra leyenda. «Un amigo le prepara a Bowie comida biodinámica. Se la sirve orientando cada tipo de alimento según la energía. Por eso David está tan bien». Asiento como entendiendo, imaginando trozos moleculares girando en torno al plato, como un feng shui alimenticio haciendo de Ground Control para el Major Tom.

La última noche voy algo más al sur, a Tooting, a probar el mejor curry de mi vida. Según el canon actual de The Guardian, Tooting es lo más: hay escuelas, restaurants, gente cool, y «no es tan caro» (da como ejemplo lastimoso una casa feíta de medio millón de pounds).  La pantalla del bar pasa un partido de criquet y la gente se emociona, Inglaterra le gana a Australia. Yo estoy en lo mío, echando humo por el picante y releyendo «Atonement» de Ian McEwan. En su parte final Briony -joven patricia vuelta enfermera en la Segunda Guerra- camina desde Lambeth hacia el hospital buscando entre pensamientos la propia redención de sus culpas adolescentes. Tal vez sea el karma de vivir al sur, pero cuando vuelvo el bus pasa por Clapham y veo a lo lejos la iglesia donde transcurre el final del libro.