El lado oscuro de Internet

Couple watching television set while their children busy in different activitiesEn su novela “El nombre de la rosa” Umberto Eco describe a un bibliotecario ciego rodeado de anaqueles: una idea borgeana. Como su personaje, en cada visita a bibliotecas ilustres Eco busca incunables y reflexiona, al compararlos con Internet. “Se encuentran ejemplares con más de mil años de antigüedad, y sin embargo nadie es capaz de decirnos cuánto nos va a durar un USB…”.

No es sólo la permanencia lo que le preocupa. Un bibliómano como Eco tiene una una mirada neutra sobre Internet. “Es como la vida, donde te encuentras personas inteligentísimas y cretinas. En Internet está todo el saber, pero también todo su contrario, y esta es la tragedia. Y además si fuese todo el saber, ya sería un exceso de información…”. Alfons Cornella había descripto esto hace 15 años con un feliz neologismo: infoxicación, que consiste en atiborrarse de datos sin llegar a ninguna sabiduría con ello.

Nicholas Carr fue más allá aventurando que Google nos vuelve estúpidos porque los textos largos nos resultan imposibles, o porque tener todo en la Red al alcance del un click hace que no recordemos nada. “The more they use the Web, the more they have to fight to stay focused on long pieces of writing” dice Carr en su excelente artículo de seis páginas que aún no llego a terminar de leer (!?).

Pero si la forma de leer afecta a la manera de pensar, los cambios en la  comunicación (digamos la supremacía de WhatsApp) modulan nuestros sentimientos. Los adolescentes usan el texto como escudo para no tener conversaciones reales y para defender una imagen. Y la necesidad de estar online con todo (en el trabajo, en las noticias, en las relaciones) nos puede ir quemando de poco, en un efecto bien descripto por Linda Stone como “Continuous Partial Attention” o más llanamente CPA. Twitter es la quintaescencia de este fenómeno, sobre todo cuando se lo usa en el celular. Mi sensación es que la tiranía del timeline de Twitter es insoportable y el hartazgo sobreviene de inmediato.

Entonces tenemos red, tenemos Apps, estamos en todos los temas y en todas las pantallas, pero finalmente no estamos en nada. Hace unos años Manuel Castells vino a Buenos Aires y pude preguntarle qué pensaba de todo esto. Me dijo que el lado positivo era que había una mayor creatividad al poder vincular ámbitos distintos. El lado negativo era la ausencia total de compromiso. No debe asombrar: si todo es igualmente inmediato, entonces todo tiene valor cero. Los directores de HHRR conocen esta imposibilidad de lograr compromiso en la generación Y.

En mis trainings sobre cuestiones “duras” la audiencia me va llevando hacia las consecuencias más “humanas”. Cómo se evitan estos “lados B” de Internet, entonces? El antídoto es sencillo: despegarse de la red. Leer un clásico sin apuro en un viejo libro de papel, (“en la tablet te interrumpe el mail, el ebook no se puede prestar” dice el librero Pablo Pazos). Qué mas? Disfrutar de evaluar opciones con tranquilidad durante algo más que un momento. Preguntarse varias veces el por qué de las cosas, concentrarse, escribir. Apagar los celulares, desconectarse. Evitar poner esa mirada abstraída de quien hace que escucha, pero que está innecesariamente atento a la respuesta en un chat. “La gente ya no mira a los ojos”, dijo hace poco Damon Albarn, refiriéndose a los smartphones. Si hace veinte años todo esto era posible, por qué no lo será ahora?

2 Comments

  1. El inicio de la nota me recordó un listado, ya que estamos con Eco, de esos de las diez cosas más xxx que abundan en internet. No puedo resistirme a leerlos. Este en particular hablaba de los libros más antiguos, y lo divertido es que los más viejos que se conservan, son de materiales nobles, p.ej, escritos sobre chapas de metal. (No contaron las tablillas de barro ni monumentos de piedra). Un ejercicio divertido sería pensar que podría sobrevivir de lo que somos ahora dentro de 2000 o 3000 años. ¿Algun afiche plástico?

  2. La idea la subsistencia es muy atractiva. Hay una novela muy recomendable de Stewart, “La Tierra permanece”, donde un virus aniquila a casi toda la humanidad. Los que quedan, poquitos, no pueden reaccionar. Generación tras generación van perdiendo la tecnología, y emerge algo parecido a la Edad de Piedra porque (ejemplo) aunque queden nafta y autos perdieron en 20 años los neumáticos y la capacidad de hacerlos.
    El metamensaje es que los humanos no nos damos cuenta de los cambios, y que a veces hay que romper los moldes y volver a hacer las cosas. Si no, estamos quemados, o peor aún, nos lo pasamos copiando y perdiendo pen-drives (:D).

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