A la lista de lugares imprescindibles, agrego el bar del Museo Sívori: buen Wi-Fi, se puede comer algo, hay tranquilidad y verde alrededor, y está a 300 metros de la pista de atletismo y la pileta de GEBA.

Algo más, muy interesante: exhibe una serie de ejemplares idénticos de seres humanos cuyo mayor roce con la vida es la problemática del arte. Es un único cluster de mujeres de más de 50, cuyas arrugas parecen provenir sólo de no haber conseguido tickets para la Bohéme en el Colón.

Definitivamente, la vida real no pasa cera del Sívori.