Month: March 2011

Los cien millones de LinkedIn


Linked In acaba de atravesar la barrera de los cien millones de usuarios, y con ese motivo acaba de enviar un email a cada uno de los integrantes del “primer millón”. Me parece una acción de marketing absolutamente saludable. De paso, han publicado una hermosa infografía al respecto.

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Vanidades

El ejercicio meticuloso de la vanidad supone el desconocimiento casi absoluto de esta condición. Casi nadie registra para sí esa necesidad insolente de aparentar ser mejor. Para el espectador imparcial esta persistencia es molesta y algo ridícula, pues se nota en el otro una energía excesiva en el cuidado de ciertas verdades que no pueden ponerse en duda.

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Ponele password!

El amigo Uruguayo que tenemos al otro lado del Plata es muy semejante a nosotros los argentos. Menos cuidadoso de las formas y más pendiente de sus deseos (playa, mate, fútbol), contempla al mundo con una deliciosa ingenuidad y deja escapar su sentencia: “imponente, vo!”. Y la admiración por el universo lo iguala, lo achata un poco, y lo devuelve a la fácil senda del conformismo, no sin antes cumplir con el deseo ancestral de irse a las 4 del trabajo a “hacer playa”, sin ninguna culpa. Digámoslo de una vez, es gente bastante más sana y querible que nosotros. Pero a la hora de ejercitar la ironía, el Uruguayo puede mostrar las uñas.

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La fábula del Castorcito y la ardillita (Dic 2000)

Había una vez una ardillita muy modosita y vivía en el interior del Bosque. Pasaba su vida recolectando datos para su base de Inteligencia Comercial y se las ofrecía al zorrito, su jefe ruin, quien por encima de su blanco bigote miraba con desconfianza los análisis y los focus groups, retándola en su siseo constante:

-Essperá un poquito. Eres una ardillita mala. No interessssa. Te cassstigaré con el Paraguas Telefónico!

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Wiki Freaks


Tras el último post sobre Lenny y Martín, he recibido infundadas acusaciones. Debo decir que me encanta recibir infundadas acusaciones, sobre todo porque imagino las acusaciones desnudas, desprovistas de funda, indefensas. Me contemplo asombrado, me digo, “otra vez?”

Han llegado a tildarme de ser el Julian Assange del subdesarrollo, lo cual fue una especie de doble ironía: quien lo dice por creer que me ofende, y quien escuche -quien suscribe- por aparentar la posesión de información valiosa. Que no lo es.

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