Es un sábado increíble. Estoy de buen humor, ayer fui al recital de Peter Gabriel & The New Blood Orchestra, iré al Club a nadar. La vida me sonríe y mientras escribo veo el jardín cubierto de las florcitas de los jacarandáes sobre el césped. Los vecinos gritones aún no se levantan.

Tal parece que ayer comenzaron las primeras medidas legales sobre Cuevana, ese sitio tan interesante de videos online en Argentina. Ese sitio tan argentino: buena interfaz, creatividad, hecho por geeks argentos. 100% argento, diría. Millones de visitas en LatAm. Buenos contenidos, buenos subtítulos, algún estreno reciente.

Pero nadie paga por contenidos a sus dueños. Se sostiene el negocio por el porcentaje de usuarios que paga “aceleraciones de descarga” a terceras partes, y es una apuesta a futuro. Sus dueños dicen “haber solucionado el problema de la interfaz”. Y qué, me pregunto. En un mundo que se va quedando sin magia, un Estudio -con todo lo antipático que pueda parecernos, por sus exigencias de branding, y sus pretensiones de mínimos garantizados” pone cientos de millones de dólares para un Hombre Araña, un Harry Potter o un Hobbit. Y tienen derecho a reclamar su parte, pero -insisto- Cuevana no le paga nada a los dueños del contenido, a los Estudios. Y de la prensa especializada, no hay tampoco un mensaje claro.

Algunas cositas más que me hacen ruido:

  • Telefé presenta la demanda, pero el gran beneficiado es On Video, el OTT de Telefónica, perteneciente al mismo grupo. Que no le va mal, y que en parte eligió diferenciarse con el contenido local… del mismo Telefé.
  • El estado argentino podría hacerse el distraído. Esto es como los manteros de la calle Florida, que venden DVDs “truchos” en las narices de Musimundo. Quién decide que la libertad de unos es más valiosa que la libertad de otros?
  • Nos puede parecer simpático bajarnos algo que está ahí, pero en algún punto nos debemos dar cuenta -como sociedad- que esto no puede ser real. Es como los subsidios en los servicios públicos argentinos, su exceso -y la negación de los índices por parte del Estado- ha distorsionado la economía.
  • Una interfaz buena por sí misma no es nada. Contenidos buenos, aislados, no son nada. Si el cliente no entiende, no sirve de nada. El mundo está lleno de plataformas de OTT o de iPTV silenciosas o poco lucrativas. Pero no es tan difícil!
  • Sin entrar en detalles, la batalla también está en el device. No es lo mismo un OTT para PCs (donde, por ejemplo, los estudios no te permiten HD) que un iPTV para varios dispositivos y donde el cliente elige dónde se ve una película.
  • Netflix no entra en esta discusión. Netflix es un OVNI que llega volando del espacio exterior, sin la menor idea del mercado y de las apetencias locales, con precios en una moneda inentendible (quién fue el genio que pautó precios en ARS?), falta de subtítulos y nada de estrenos. La prensa no lo dice, pero Netflix no tiene estrenos. Punto.
  • Arnet Play tiene una gran oportunidad. Aquí no puedo ser objetivo pues por mi actividad profesional en Grey Juice estoy muy cercano a su negocio, pero sólo diré esto: en su capacidad de olvidarse de la concepción de Telco de Telecom y de apostar fuerte a este proyecto, Arnet tiene la mayor oportunidad. La agencia -Santo- ha hecho un gran trabajo, explicar qué es tener las películas en la tele, a un click de distancia.

Ahora ya escucho a los vecinos más allá del jacarandá, y seguro también escucharemos más sobre Cuevana. Se vienen tiempos divertidos, pero no olvidemos lo básico: más allá de interfases y conceptos, más allá de cómo se comunique un concepto al mainstream, la gente que “hace” tiene derecho a que se le “pague”.