Ben Gurion mon amour

Llegás al aeropuerto Ben Gurion y ves cardos en gráficas por todos lados: símbolo nacional de la capacidad de adaptarse y resistir del pueblo israelí. Pero a la vuelta no ves cardos, sino palitos rastreadores celestes en manos de los guardias. Están levemente curvados hacia adentro, como un rebaño de pequeños consoladores esperando un sumo sacerdote proxeneta que los lleve en procesión al Rosedal. Todo mi equipaje esta mansamente dispuesto sobre una mesa, un inventario inanimado de mi pequeña vida viajera. Le pregunto a la inspectora del aeropuerto de Tel Aviv si ya es suficiente, tras casi una hora de intenso escobillado a mis enseres. No, no lo es. Sigue ella con la cabeza metida en mi equipaje, su mirada baja en su minucioso rastrillar, feliz ella con su palito celeste, buscando químicos, almas, vida, nitratos, pensamientos –no tanto, espero que no tanto-.

Soy curioso, fui científico y tengo poca paciencia: es una mala combinación. Pregunto si están buscando Nitrógeno, es algo que leí en algún paper. Mala idea: la Rastrilladora Nata anota algo y me pasan a otro control de mayor seguridad, al anti VIP. Los rabinos, religiosos y demás muñequitos se deslizan con rapidez por controles mucho mas permisivos. Ellos me miran con serena jactancia, con ojitos apenas visibles tras delgados lentes y bajo grandes sombreros negros. Los bucles normativos de su religión caen en tirabuzones con ángulos semejantes a los de los palitos celestes. Pero bueno, yo soy el extraño, no estoy vestido de negro, no tengo gorrito o sombrero de ala, y encima pregunto por el nitrógeno. Fuck.

A pesar de su empeño los palitos buscan pero no encuentran. Un momento, mi cámara tiene una extraña cinta plástica que sujeta la parte de la batería. Llaman a la supervisora –cara tensa, el alma propulsada contra el rostro a Mach 2- y me pregunta por este arreglo casero. Le toca a ella ser curiosa e insiste, por que no compro una cámara nueva? Not enough money, le digo. A duras penas –la cintita es patética- se enciende la cámara y logro sacar una foto que prueba que esto no es una Uzi, que yo soy apenas un idiota. Hubiera querido la foto de los Palitos Rastreadores, casi parecen cool a esta altura. De repente voila, dejo de ser sospechoso y me dejan ir. Llego a la cúpula circular de Ben Gurion, donde cada faceta es un Free Shop: los judíos ortodoxos olvidan la religión y contemplan los bienes en trance consumista y queman tarjetas de crédito contra el posnet. Por mi parte, más tranquilo, busco en el cartel bajo la cúpula la indicación de mi vuelo para volver a casa.

security ben gurion 2011

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