La innovación de Igor Sikorsky

En los recientes cursos de Innovación para Telefónica intento explicar que la mezcla de creatividad y visión comercial que definen la innovación no surgen de la nada. En algún caso hay más contexto, en otros el instante de claridad es decisivo, en otros importa más la persistencia. En fin, trato de resaltar la historia previa de quienes innovaron. Hace poco Ricardo Miró me contó el caso de Igor Sikorsky, uno de los pioneros de la aviación y mundialmente reconocido por su aporte en el campo de los helicópteros, que creo aplica perfectamente a esta idea del esfuerzo.

Sikorsky provenía de una familia de nobles en Kiev, la actual Ucrania. Fue su madre quien lo nutrió de un contexto inicial inmejorable al sumergir a Igor en el mundo de Da Vinci y de Verne.  Esto fue complementado por estudios en la ETACA de Paris. El joven Igor a sus veinte años ya dominaba el diseño de aeronaves, y hasta le era familiar el trabajo de los hermanos Wright; pero era muy autocrítico con sus propias limitaciones y pronto conoció la gran cantidad de fracasos necesarios hasta lograr prototipos medianamente exitosos.

El “breakthrough” de Sikorsky tal vez haya sido el helicóptero R4, tras una vida prolífica dedicada a aviones pequeños e hidroaviones. La gran idea aquí fue complementar el rotor principal con una pequeña hélice trasera girando en contratorque y brindando estabilidad. También emerge otro “instante de claridad” (en la jerga del curso) de tono más empresarial, muy anterior al R4. Hubo un momento en que Igor entendió que debía emigrar y fundar una compañía propia en Estados Unidos. Hubo penurias, trabajo de profesor y “mangazos” a oficiales rusos amigos y hasta al compositor Sergei Rachmaninoff. Igor fue un buen administrador de ideas y supo hallar un cauce de aplicación a pesar de los matices diferentes exigidos en tiempos de guerra y de paz.

Lo interesante es que hoy se lo recuerda especialmente por su ingenio y su tesón, de tal modo que hace más de 30 años la AHS (Sociedad de Helicópteros de América) destinó el llamado Premio Sikorski de 250 mil dólares para el helicóptero autopropulsado (por medios humanos, o Human-powered Helicopter) que cumpliera esta triple condición:

  • Debe desplazarse en un perímetro cuadrado de 10m x 10m
  • Tiene que lograr un vuelo de altura mínima de 3 metros
  • Debe sostener el vuelo durante 60 segundos.

Las historias exigen un final feliz. Hace meses, en Junio de 2013, el AeroVelo de la Universidad de Toronto cumplió los requisitos (ver video) y se alzó con el premio Sikorsky. Lo interesante es que este prototipo no se parece en nada a las viejas ideas de Da Vinci. Sin embargo, la suma de intentos anteriores en el Premio conlleva el espíritu de Sikorsky en cuanto a una continua sucesión de pruebas y errores, que culmina con el éxito.

sikorsky

2 Comments

  1. Me sorprende el empuje que deben tener esas hélices para, con la poca velocidad a la que giran, poder elevar al tipo. Ver en persona para creer.

  2. A mí asombró eso mismo -a tal punto que vi ese video, y el de los intentos anteriores- pero lo que vale es la relación peso/potencia. A favor, hay materiales muy liviano, y todos los “pilotos” elegidos son finos como jockeys de caballos. Igual, aunque tuvieras el empuje, no se trata solamente de subir cierta distancia, sino de maniobrar en el perímetro. La mayoría fueron tildados de “inestables”.

    Fijate estos intentos fallidos: http://www.youtube.com/watch?v=g3oUkyMae0c

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