El email es la cucaracha de Internet

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Debo avisar algo importante al mismo tiempo a gente de distinta jerarquía en distintos países que hablan distintos idiomas. No recurro mensajería, a llamadas, a Facebook, a Twitter. Lo que hago supuestamente es un anacronismo: repito lo que hubiera hecho hace treinta años en un cuartito de la universidad. Recurro al email. Escribo un párrafo corto en Inglés, otro en Español. Incluyo mis datos de contacto, una pequeña aclaración y un link respaldatorio. Listo. Sólo queda controlar la ejecución a lo largo del tiempo.

Hoy todos conocemos lo que es un email. Como se ve en el aviso, hace treinta años era más complejo, la descripción era “enviar cartas a la velocidad de la luz”.  El email es mucho más que eso: es la cucaracha de Internet, ha sobrevivido a todo. Es ecuánime. Permite que la simple letra revele situaciones complejas. No se presta a interpretaciones. No es invasivo, no es imperativo, no requiere lectura inmediata. Pero exige algo a cambio, la “moneda laboral” del compromiso. Exige enterarse y obrar en consecuencia. Significa evidencia en un entorno laboral (“pero si te mandé un mail…”). Es frío, sí, pero permite el balance de una introducción descriptiva (un párrafo inicial de tres líneas) y una explicación posterior más abundante. Permite adjuntos leíbles en cualquier plataforma. Y repito: no invade, no es una llamada, no es un mensaje de WhatsApp. Algo más? Es gratis. Algo malo? El spam. Pero es controlable.

El email también un arte. Revela faltas de ortografía y de coherencia en la mayoría de las personas. Permite cierto vuelo: aún en situaciones complejas admite ironías o jugar con la situación. Aceptado, el email es un descriptor, no es la ejecución misma. “No manden tantos mails, resuelvan las cosas !” gimen algunos CEOs. Son los mismos CEOs que no leen los mails y que tienden a reemplazar texto por tareas con Capsule o con Asana- de paso, el CEO de Asana lleva agua para su molino diciendo que el mail es improductivo-. Confunden la virtud del email -la descripción en precio y tiempo casi cero de un modo descentralizado- con exigir la resolución -el problema personal de estos CEOs que no bajan de su altar-. En las antípodas, recuerdo un CEO muy combativo que gastaba a sus vendedores via mail: “Estamos presupuestando mal. No todos los cliente son iguales. Parece que creemos que son altos, rubios y viven en Recoleta, pero algunos son morochos e hinchas de Dock Sud”.

El email es poderoso. Otorga identidad y estilo. La mera apertura de algunos correos, pequeñas obras maestras de la síntesis, aún me conmueve. Qué más? Fue símbolo de prestigio, eran nerds los que pagaban por un dominio “Well”, tuvieron su fama los tempraneros del “Gmail”. Hoy no es creíble una propuesta comercial que tiene “typos” o que proviene de un dominio que no es propio. Admitámoslo, tampoco es útil hoy infoxicar con adjuntos existiendo Dropbox o Google Drive.

El email es una nuestra forma primaria de comunicación laboral, la mejor cosa en Internet según The Atlantic, nuestra identidad para conseguir un cliente y nuestra forma de vincularnos con mucha gente a la vez. Ha superado con creces el desafío del entorno móvil. Sólo le resta ser aceptado por la Generación Z que aún prefiere una comunicación más efímera y volcánica. WhatsApp? Snapchat? Por favor, déjenme en mi caverna con esa vieja cucaracha del cretácico de la comunicación, creo que no necesito más.

4 Comments

  1. Me pasa lo mismo, todas las demás formas de comunicación son mmmmhhhmmmsé pero cuando la cosa es en serio, mail.

  2. Cosa divertida que me ha pasado inconcientemente. Al tener problemas con el servidor de mail, y por ende mandar ofertas por gmail, automáticamente uno se excusa con sus clientes por mandarles mails con la dirección “trucha”, “personal” (como si la empresaria no fuese tambien personal). Es como si tuviesemos algun reparo por mostrar lo íntimo, y que crean que uno es trucho. Como si todos y cada uno no tuvieramos un yahoo o un gmail.

  3. Es cierto Adrián. Pero también es cierto que en ese trade-off entre profesionalismo y urgencia se haya perdido alguna propuesta en alguna carpeta de spam. Ahí yo acompañaría el mail desde-dirección-no-habitual con un llamado. Al final, es lo de siempre: todos somos proveedores de contexto.

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