Estar en el Norte de América del Sur es casi un oximoron. Casi tanto como llegar a Caracas y que te rodee una cohorte de choferes de taxis, cambistas y buscavidas: un dólar puede valer 2, 5 ó 6 bolívares. Una hora después cambio mal y elijo peor el taxi, que luego de lentos rodeos “oiga maestrico, esto está chévere, hace un año hubo un derrumbe y tardábamos 4 horas” por caminos de sierras y túneles azulejados me arroja en un hotel ex Hilton de actual dominación chavista: el Alba Caracas, algo así como un hotel ideal para convenciones de masoquistas. Calor, lluvia, y aún así encuentro que media hora de running por el parque Los Caobos no es mala experiencia.

En el hotel no hay agua, no hay Wi-Fi, no hay desayuno incluído. Por supuesto, el dólar vale sólo dos bolívares. Pregunto qué pasa y la respuesta a lo que ocurre siempre la tiene alguna otra persona. La respuesta es  “yo recién llegué” para todo. Tal vez la última respuesta la tenga Chavez, cuya foto domina las discusiones en el lobby del hotel. Pero si hay dólares todo se aclara súbitamente. Y las empresas esperan en Parque del Este, como del otro lado de un muro, y camino al aeropuerto hay campos de golf que desmienten la propaganda, y entiendo que estoy a mitad de camino de Cuba. Se puede hacer negocio o hablar con gente inteligente? Se puede. Y entonces, cómo entender esas hordas de militares, y esas convenciones de deportistas y esa propaganda turística -pero no, en el aeropuerto ni un mapa de Caracas-. En el aeropuerto debo pagar 75 dólares de impuestos para abandonar el país. Pregunto qué es la “F” al lado del signo de bolívares. “Fuerte”, me responden, sin sonreír. “Fabuloso”, respondo.

Un rato y un Avianca después, Bogotá es distinto, quieto, fresco, menos estridente. La gente es más humilde, pronuncia distinto, elige bien las palabras. La ciudad es predecible, con su centro reticulado de calles y carreras mirando las montañas verdes. La zona T tiene muy buenos restaurantes, de todas las cocinas posibles. El taxista de regreso al aeropuerto de El Dorado entrega en preciso castellano el resumen: “que Chavez no se enoje demasiado con los yanquis, ni nosotros con los narcos: si pasa eso, quién se ocupará del Norte bolivariano?”.