Exactas

pabellon1Un par de tuits y comentarios de la última semana detonaron un flashback hacia mi etapa universitaria en Exactas. Por qué terminé yo estudiando allí? Azar, supongo. Acompañé a un amigo del colegio a inscribirse y me gustó el ambiente suburbano de la Ciudad Universitaria.  Además me cayó bien la gente: no aparentaban. No podían: desconocían la menor estética.

Empecé bien. Tuve buenos profesores. Me obligaron a estudiar el Análisis de Hardy en la “pecera” del Pabellón I, en Inglés. Aprendí de la belleza de estudiar solo. Tuve amigos, la mayoría hoy trabajando en el exterior, o trasplantados hacia el ESLAI y la computación.  Algunos de ellos tenían buena música en su casa o leían los clásicos en el idioma original. Uno caminaba desde Plaza Italia cada día, con una remerita blanca en el más crudo invierno. Un profesor (Contreras) entrenaba en la pista de atletismo, otros jugaban al tenis al mediodía. La primavera invitaba a siestas al lado del Pabellón de Industrias. Había rumores acerca del Balseiro, promesas de becas milagrosas, tímidos concursos, política de agrupaciones independientes (AEI) y congresos con gente de afuera (SERPAJ, Youth Building the Future, etc). No se hablaba del futuro. Cómo decirlo? Estaba bien visto tener algo en la cabeza. Por supuesto, también había dementes, gente que sabía demasiado y se jactaba de ello, futuros organizadores de reuniones TED.

Seguí a los tumbos pues debía trabajar. No creía en la Física Teórica: sospechaba que la última respuesta tenía que ser más sencilla, que no se necesitaban supercuerdas o veinte dimensiones para explicar el mundo. Desconfiaba, además,  de profesores encerrados en cuartitos: eran Dementores de la Ciencia, enfrascados en sus tics e ideas propias. Mi trabajo diario y el club me protegían contra eso, pero mi promedio iba decayendo hacia un siete o un ocho. Adios a las becas, pero bienvenidas otras opciones.  No tengo muchas fotos ni recuerdos de esta época. No sé cómo aprobé algunos exámenes: un final de Cuántica duró seis horas. Anotaba mis avances en una especie de mapa de correlatividades que aún guardo y a veces sueño con tener que repetir algún final.  

Tuve que dejar de trabajar a tiempo completo para recibirme, pude hacerlo con clases particulares a partir de la hiper devaluación del 89. Busqué una tesis bien práctica con Mario Mariscotti como director. Recuerdo que él sostenía que “el país necesita 50 centros de excelencia como el Balseiro para salvarse”. Él era un producto de la Argentina de los ’60, un físico de primer nivel mundial, pero la “trenza académica” lo veía como un outsider. Me pregunto qué diría él de  Tecnópolis, de Barañao, del curso actual de la ciencia en Argentina. Seguí con un paper y experimentando en el Balseiro, el Tandar y el centro atómico de Ezeiza, pero ya tenía otras inquietudes y mi hija estaba en camino. A los 28 años dejé la Física. Si vale de algo, sigo pensando como físico, así con minúsculas.

Hoy los chicos de veinte años en Argentina se inclinan por otros destinos. Estamos inundados de community managers, diseñadores, chefs, y militantes de Sociales. Creo que nos hemos enamorado de la forma, de la descripción. Se ha creado un Relato de la cosa. Cualquier Traje del Emperador nos viste bien. Por eso parece costarnos un enorme esfuerzo definir un problema, entenderlo, quitarle el tamiz político, ser objetivos. Le tememos a los auditorios amplios pues siempre habrá alguien de la “contra”. Si somos demasiado directos nuestro jefe nos dirá que seamos “más políticos”. Los dirigentes no hacen ni deciden, apenas “articulan”, y si tienen poder “aprietan”… pero esto es cortoplacista, nunca es una solución. Un gobierno te roba los indicadores económicos y casi nadie lo nota. En fin, no tenemos gol y moriremos chamuyando: ser community manager en Argentina parece un buen camino para no molestar a nadie.

En fin, si me piden consejo, intenten estudiar Matemáticas. Balanceen con deportes y amigos. Tomen la risa como principal indicador. No le crean a nadie que les hable en plural mayestático -la forma papal de evadir responsabilidad- o que les imposte la voz fuera del escenario. Ante la duda, dejen que el azar intervenga … y huyan ante la menor sospecha de chamuyo.

6 Comments

  1. Coincido en lo que decís: creo que uno sigue pensando como físico aunque no se dedique específicamente a la investigación. La carrera te hace pensar de una forma especial y eso no se pierde.

    Un abrazo.

  2. Hay algo más, Roberto. Ayer charlaba en un almuerzo con otro ex-Exactas acerca de la incapacidad de mentirse a uno mismo. Esa objetividad con los números (que paradójicamente saben olvidar los científicos demasiado cercanos a un gobierno) es muy útil en algunos negocios. Un negocio no cierra, uno mira al CEO y no puede mentir: añado esto al balance positivo y al “pensar como físico”. Eso sí, cómo tener empatía y decirle al CEO que la cosa no va sin que maten al mensajero… te la debo. Nunca supimos cursar esa materia.

  3. Daniel, comparto tu opinión y la de Roberto totalmente. Entré a Exactas porque quería investigar y, aunque la vida me llevó por otros caminos, lo que aprendí ahí me dio una forma de pensar que es lo que más valoro de mi misma. Y no sólo pienso cómo física sino que “soy” física aunque no investigue ni enseñe. En cuanto a cómo decirle a un CEO u otro gerifalte que lo suyo no va bien… creo que es meterse en política y eso se estudia en otra carrera, o no?

  4. Elvira, “darte una forma de pensar” es casi la definición de la persona misma. En cuanto a “gerifalte” bueno, creo que ahí no hay carrera posible… (:D). Que todo esté bien allí por Madrid!

  5. Danco.
    Es bueno leer tu nostalgica nota. Las cosas o sueños que nos llevaron a pensar que uno podía hacer algo dentro de exactas, son variados y van cambiando cada vez que los contamos, pero de un modo u otro volvería una y otra vez a hacer física (si querés sumaría computacion). Por supuesto trataría de no cometer los errores que como outsider de la ciencia cometí en mis elecciones y caminos (tanto vos como yo no teníamos nadie cerca dentro de la ciencia que nos orientase en el camino a seguir, y no es casualidad que con diferencia de 1 mes hayamos dejado al mismo director por la industria privada), sería menos tolerante con algunas pavadas como los paros en apoyo de la vinchuca verde australiana que tanto influyen sobre los que tienen más responsabilidades que solo ir a la facultad, y no se si hoy considero que está mal encerrarse en una torre de cristal. Al menos el estres no te lo cobra en el cuerpo, como sí lo hace el adaptarse a la industria privada, donde uno va saltando de cocodrilo en cocodrilo como el mejor indiana jones.
    El tema de lo que uno es o de lo que uno se identifica es interesante. Le pasa a todo el mundo, uno puede estar trabajando 15 años en una industria (en mi caso la petrolera) pero sigue definiendose a si mismo por cosas que hizo hace muchísimo tiempo. Entiendo que todo aquello que tiene cierto aura, nos proyecta, nos refleja, como para definir nuestra tarjeta de presentación. A mi me pasó 3 veces. la primera en el Otto Krause, todavía hay lugares donde me presento como ex-otto krause, luego exactas y la física, ante la pregunta de Que sos? en cualquier avion, escribo “físico” a pesar de ser dueño de empresa, y la tercera fue un paso minimo de 3 años por Techint. En montones de lugares, y en particular aquellos que fuimos de Techint, nos presentamos como ex- techint. Son algo así como las logias, como los sindicatos y gremios de la edad media, o las aagrupaciones de “amigos” de la antigua grecia, que algunos historiadores no dudan en relacionar con las posteriores mafias. Pertenecer a algo nos hace sentirnos menos desnudos frente a los demás.

  6. Hola Adrián
    Stress tenemos todos en todos los ámbitos, creo. Aún adentro de los cuartitos.
    Vinchucas verdes? Yo me divertía mucho viendo los chicos pintando carteles en el Pabellón II. Era testigo de la “militancia” tan actual, y creo, tan falsa. Me corrijo, esos chicos tenían cero stress.
    Habria que armar un día un panel sobre “Incumbencia profesional luego de Exactas”. No sé, a veces me da por esos paternalismos. En fin… abrazo.

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