En Mayo de 2062 se recuerda en todo el mundo los cincuenta años del Éxodo Argentino, uno de los hitos más resonantes en la globalización. A pesar de lo reciente del acontecimiento, los historiadores aún no se ponen de acuerdo. Algunos sostienen que fue un hecho simbólico promovido por la resistencia en contra del kirchnerismo. Otros, que fueron masas de desempleados que huían del hambre. Los menos arguyen que sólo se trataban de la filmación de un comercial de cerveza, o alguna clase de “happening”.

Como fuere, se trató de una bufonada, o de un milagro. Pero estos hechos necesitan testigos; y sobrevivientes, añadiría. La primera lectura es que aquello fue una matanza. Unas diez mil balsas salieron de Puerto Madero, en un hecho que marca los contrastes de esta historia. La prensa reunida en el lugar sólo logró testimonios confusos del estilo “queremos un pais serio”. Se izaron banderas con diversas consignas, la mayoría de ellas con el lema “Hola Cuba”. Tras un día de navegación, sólo unas tres mil balsas llegaron a Colonia. La mayoría pereció en el Plata, víctimas del frío y de un Buquebus que les pasó literalmente por encima. La falta de bengalas de rescate -restringidas por medidas de importación de entonces- hicieron imposible el salvataje. Los sobrevivientes llegaron como pudieron a la playita cercana al faro de Colonia y allí pidieron asilo político. Los cronistas los describen varados, tiritando en la playa, con la mínima dignidad de exigir “un desayuno con café y medialunas, y nada de mate”. Cae de madura la pregunta, es que de verdad pensaban llegar a La Habana?

El gobierno uruguayo no supo qué hacer durante un par de semanas; finalmente inventó una zona libre en Santa Ana -notorio pueblo alpino en playa de río- a unos veinte kilómetros de Colonia donde se fundó Villa Argentina. La pequeña comunidad vivió un tiempo de cortar la Ruta 1, lavar los parabrisas en Colonia, saquear lácteos en Nueva Helvecia, e intimar a las autoridades para gozar de otros favores. Fundaron el club “Defensores de Messi” cuyos partidos de fútbol en el estadio de Colonia siempre terminaban en escándalo y agresión al referi. El 2 de Abril de 2013 reivindicaron la Gesta de Malvinas tomando simbólicamente una pizzería de la avenida General Flores. Hacia fines de 2013 el gobierno de Montevideo logró deportarlos a suelo argentino; a cambio tuvo que revelar el secreto bancario de los ciudadanos argentinos en el Uruguay, un hecho que paradójicamente significó el fin de Punta del Este como paraíso inmobiliario. Tal parece que detrás del “Hola, Cuba” estaba la astuta mano de La Cámpora, que se sostuvo en el poder hasta pocos años después.

Siempre recordaremos a los Balseros Argentos como signo de las nuevas utopías; también tendremos claro que hay utopías estúpidas. Borges decía que los peronistas no eran ni buenos ni malos, sino incorregibles. La historia juzga lacónicamente a estos balseros como “unos peronistas extremos, con escaso conocimiento náutico”.