Todo inventario, bestiario, o taxonomía es subjetiva. Me pregunto si se puede intentar una clasificación de robots y similares tomando en cuenta las siguientes variables: su aproximación a la realidad, su tamaño, y sus antecedentes literarios o de cine -si se trata de una forma robótica de ficción-.

Fue Amazon quien comenzó la confusión al comunicar el uso de “drones” en su servicio de entrega exclusiva Amazon Prime Air, definido para entregas rápidas (menos de media hora), clientes cercanos (hasta 15 km de un almacén Amazon) y peso liviano (hasta 2,5 kg). En algún comunicado de prensa se deslizó “droids” y esto generó una tibia paranoia en la  prensa y en el público. Veamos el inventario, entonces.

Drones: corresponden al ejemplo de Amazon. Son objetos diseñados para fines específicos, reales, simples, y en absoluto parecidos al cuerpo humano. El video en este post los ilustra perfectamente. Sus posibilidades dependen de que la regulación aérea de cada país los permita.

Droids: robots inteligentes, de ficción. El término acorta “android” que se refiere a un humanoide inteligente. El mejor ejemplo de androides en sci-fi es “Do androids dream of electronic sheeps?” del postergado Philip K. Dick. Allí el conflicto reside en la dificultad de diferenciar entre androides y seres humanos. Por supuesto, este libro originó a la película Blade Runner con las volteretas de Pris, la mirada extrañada de Harrison Ford y el inolvidable final con música de Vángelis.

Nanobot: robot de pequeño tamaño. En su versión mavde centímetros y voladora, los nanobots actúan como una nube inteligente formada por millones de  semejantes, que puede ser controlada remotamente por una entidad inteligente. En teoría esta nube de nanobots puede ser autónoma –como ocurre en la excepcional novela “El invencible” de Stalisnav Lem. Dentro de esta categoría y con mucha mayor prensa están los MAVs (micro air vehicle) de aplicaciones militares -semejantes a insectos- y los “swarm” o enjambre, mucho menores, que serán usados en aplicaciones médicas. Imaginemos un “swarm” de nanobots inyectados en el caudal sanguíneo o en un tejido, con capacidad de control propia y órdenes precisas (remover un tejido canceroso, regular una sustancia, etc) estos objetos cambiarían drásticamente muchas terapias actuales.

Cyborg: robot con partes biológicas, técnicamente posible pero aún en el distante futuro. Si bien algunos cyborgs se nos presentan en la fición como “demasiado mecánicos” (los Cybermen enemigos de Doctor Who, el Borg de Star Trek o Darth Vader de Star Wars) los ejemplos más interesantes los muestran completamente humanos, como los Cylons de Battlestar Galáctica o las distintas versiones de Terminators.

La clasificación, como siempre, obedece al intento de entender mejor algo. Pero en este caso queda en el aire la sensación una sensación de bestias mitológicas inmanejables, de taxonomías imposibles y de un único hilo conductor posible: la necesidad del hombre de ser Dios emparejándose con sus creaciones. El arte, por supuesto, tiene la última palabra, las invenciones siempre se rebelan contra su creador.