Acerca de “Skyfall”, la última película de Bond, rescato el siguiente hecho.

Bond (la vieja guardia) enfrenta al jovencito Q. No sólo se establece un buen diálogo sobre que ni la juventud ni la experiencia, por sí solas, garantizan nada, sino que lo hacen frente a uno de los mejores cuadros de Turner.
El barco en cuestión fue clave en la batalla de Trafalgar.
El cuadro se encuentra en la National Gallery de Trafalgar Square.
El joven Q se conmueve. Bond, en cambio, ningunea al cuadro.
De lo que se habla es del debate entre vigencia (la que pretenden Bond y M. para el servicio MI6) y la decadencia (la que inspiró a Turner para pintar el viaje último del noble barco, hacia su destino final de desguace).
Todos tenemos un germen de grandeza que nos impulsa a continuar siendo vigentes, del mismo modo que  nuestro reloj interno late hacia nuestra decadencia. La puja entre ambas cuestiones es, entonces, el tema central de Skyfall. La cruzada absurda, hasta el fin de nuestros días, es evitar quedarnos con la pirotecnia de las persecuciones, o los recursos artísticos demasiado evidentes como la cita de Tennyson sobre la dignidad de enfrentar el obstáculo, declamada al promediar la película.
Lo extraño es que casi toda la gente vive negando la decadencia y la muerte, ninguneando nuestro desguace final tal como Bond desdeñó al cuadro.