Con diferencia de días tuve la ocasión de asistir a dos conferencias extremas. Por un lado, Manuel Castells en el auditorio de OSDE en Buenos Aires. Por el otro, Jorge Rivero en el iPTV forum de Rio de Janeiro.

Manuel Castells mostró todo su experiencia de años en información y sociología, en particular explicando su último libro “Comunicación y Poder“. Rivero trató de explicar sin mucho éxito porqué el consorcio que lidera a través de la Unasur (otra replicación latinoamericana sin sentido) intentará “mejorar las normas establecidad, e incluso fabricar chipsets en Argentina”.

Castells dedicó una hora extra a las preguntas de público, y se despachó con algunas precisiones notables que rescato del timeline de mi propio Twitter:

  • “La gente consulta los medios, no para informarse, sino para reafirmar sus convicciones”.
  • “Se sabe que torturar es menos eficiente que manipular las mentes”.
  • Trazó las dos líneas históricas del convencimiento de masas: “el poder intimida y mata (Maquiavello, Weber), o trata de convencer (Bertrand Rusell, Foucault)”.
  • Y diferenció el pensamiento de largo plazo de la trinchera, definiendo que “los activistas están en Twitter, pero los ideólogos están en Facebook”.

En otro mundo, el chairman le preguntó a Rivero por qué quieren reinventar la rueda la TV Digital, y la respuesta fue que “la ONGDI sólo quiere aportar”. No pude contenerme y le pregunté a mi vez sobre plazos concretos, y origen de los fondos de la entidad. No tuve respuesta sobre lo primero, y sobre lo segundo, adujo que son “fondos filantrópicos”.

“Quien gana las batallas de las mentes, gana la batalla del poder” dice Castells. Meses antes, el poder en Argentina toma por asalto el fútbol, llevando a la práctica -sin saberlo, claro- las palabras del maestro. En otro ámbito, en foros internacionales se dibuja la realidad -como quien dibuja una estadística- pretendiendo que somos capaces de fabricar un chip a costo casi cero, o que los nuevos contenidos son gratuitos. De algún modo, todos estos hechos son coincidentes.

El resultado es previsible. En una conferencia, la gente se arrima al experto y le hace llegar su cariño. En la otra, la gente sale rápidamente a tomar un café y contemplar el ancho mar, preguntándose qué pasa en la Argentina. Huelga decir cuál fue la mejor, y cuál la peor de ambas conferencias.