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El gesto del dedito levantado del Kicillof desde hace rato me recordaba algo. Hoy finalmente caí en la cuenta de la similitud con la figura de Nikita Krushev, ex premier soviético en la época de la “DeStalinización”. Nikita era el encargado de poner cara de enojado y esgrimir el dedito amenazador en esa farsa del mundo populista donde enojarse indica mostrar las nuevas reglas y poner orden.

En la secuencia de imágenes me costó mucho encontrar un émulo de Fidel, pero en la conferencia de hoy del falso #ChauCepo surge imponente a su lado la figura del rocoso jefe de gabinete. A Capitanich solo se le puede parangonar con Oggi Junco, lo sé, pero toda teoría tiene sus baches, y aquí está el punto débil. Cuando Capitanich habla cada mañana surge un eco metálico de ultratumba, como si en su laringe hubiese un pequeño robot emitiendo esos ominosos y breves relatos matinales. Tal vez sea ese robot quien lo impulsa a huir tras sus cinco minutos de gloria. Capitanich escupe su discurso y desaparece veloz. Nótese el contrapunto: Capitanich huye, pero Kicillof levanta el dedito. La lucha biológica de luchar o huir está bien representada en este simpático par.

Hay más datos de color. A Axel le dicen “el soviético”. Y a Capitanich, “el montenegrino”. Todo nos hace mirar al Este, pero no al Buquebús donde Kicillof supo luchar heroico -detrás del escudo de su hijito- en la lucha contra el Capital esteño hace un par de años. Y eso no es todo. El final nos sigue brindando detalles que los argentinos develaremos con paciencia. El primero es que Kicillof, con su dedo en ciernes, nos estaba indicando paternalmente la dirección del dolar: hacia arriba. Y el segundo dato es que a Axel solo le queda esperar lo que recibían del Soviet los jerarcas en baja: una “dacha” o una quintita con ammenities para el retiro, como la que recibió el bueno de Krushev luego de tanto zapateo en las Naciones Unidas. Solo que esta vez la “dacha” de Axel no estará en los suburbios de Moscú sino tal vez en Turdera.

Lo cual no está tan mal.