Ocurre esto. Estoy un par de semanas en Madrid en un otoño casi invierno, sumergido entre dos campos hipnóticos: un suburbio tecnológico en las afueras (cerca de Ronda de la Comunicación) con mi hotel repleto de chinos buscadores de negocio hispánico, y un sometimiento aceptado a 12 horas de trabajo. Fantástico. Le envío un mail a Paul, mi jefe en este extraño tiempo, y me contesta:

“I didn’t like the High Tech Hotel as it was dark and plastic. However there are some nice coffee shops and restaurants near by. From memory you turn right out of the hotel. When you see buildings and a road on the other side of the road you cross over, go up this road (which is a left from the road you were on) and there is a pedestrian only road on your right after the first block. The front desk at reception will tell you. I only went for breakfast and coffee but it was nice. I usually stayed at the Novatel in Sanchinarro. It was near the Corte Anglais department store. The department store has free wifi in the restaurant on the top floor. Be very careful not to be robbed (pickpocketed, laptop stolen, bag stolen) in Madrid or at your hotel. Also, though it is a bit late, do padlock your luggage. I have only had a bag stolen and had things stolen from my luggage when I was in Madrid!”

Me gustó mucho lo del Corte Anglais. Al recibir el email prometí olvidarme de hoteles propuestos en Alfonso Martínez , de la Gran Vía, de las corridas por el parque de Retiro, de los Museos y de ir de tapas. Esta vez no va a ser así. Y ya desde el principio las extrañas tuberías de la terminal T4 –ese anfiteatro con trompas de Teletubbies que montó Iberia para recibirnos- hubo raros presagios: valijas que tardaron una hora y carreteras que dan tantas vueltas para llegar al mismo sitio. Joder tío, esto es la hostia.

Crisis? Dicen los madrileños, pero atiborran los bares a toda hora, y el H&M desborda en ofertas que harían empalidecer al Palermo Soho, y se quejan de llenos, tanto que apenas sí ven la victoria en el tenis –y yo sufriendo por Web-. Sufrir la Copa Davis de visitante fue metáfora de argentinidad, ver esos cubos llenos de gente que puso Telefónica en el desierto también parece tener un mensaje, pero no es más que poder, y debajo del poder hay grietas y oportunidades. Somos humanos: hay peluquerías, centros comerciales y restaurants entre los doce cubos siderales. A la hora del tentempié todos salen corriendo, como antes. Mi High Tech, mi pequeña isla de extrañeza hecha hotel, rebosa de chinos que le venden a Telefónica y que huyen los fines de semana hacia algún lugar. En esas pausas Las Tablas es un desierto: un pueblo que perdió su identidad a expensas de las constructoras, donde tal vez alguien comprará esos condominios que se están construyendo a todo vapor.

En tanto, yo hago en esas pausas de sábado el verdadero raid madrileño, ese frenesí de tapas, plazas, parque, pinchos, bares, charla y demás bisílabos que constituyen la hispanidad. Pero ya es Barajas y yo estoy con la última caña, esa otra palabra que importa..