Hay un deporte formativo en las escuelas. Hay un deporte profesional sujeto a federaciones en cada país. Y hay un deporte olímpico para las elites. No siempre hay correspondencia entre estos tres grupos. Como tampoco los números de un medallero pueden reflejar lo que ocurre en los países.

El medallero tras Beijing 2008 puede sugerir que el ganador fue China por cantidad de oros, o que fue Estados Unidos por cantidad total, o que fue la Comunidad Europea si se agrupan sus países, o que fue Jamaica con sus tres oros en relación a la cantidad de habitantes. O se puede hilar aún más fino y no hallar correlación alguna, sobre todo si se compara el medallero olímpico con el Human Development Index liderado por los países escandinavos.

Este desacople entre realidad y olimpismo es ilustrado por Fernandez Moores en su nota “La Fiebre del Oro” en La Nación de hoy. “Los Juegos, se sabe, celebran a élites deportivas, que pueden ir de los músculos hipertrofiados del nadador francés Alain Bernard a los cuerpos condenados a no crecer de la gimnasta china He Kexing, que pesa apenas 33 kilos. O a un Michael Phelps obligado a consumir 12.000 calorías diarias, nadar 70.000 metros por semana y dormir 9 horas por día. Un talentoso robot cuya vida, según él mismo la describió, consiste en “comer, nadar y dormir”.

“Medida por medida” decía Shakespeare. Como todo, se depende de “cómo se mida” para llegar a un diagnóstico. De ahi la importancia actual de KPIs y Analytics en el ámbito que sea.