Extrañamiento

En términos laborales, imagino los grupos de trabajo –aún las personas- rodeados de una membrana que uno empuja levemente para que las cosas sucedan. Es todo un arte: a veces se fundamenta, se pide, se intercambia, dependiendo del otro y del contexto. Pero qué pasa cuando no hay contexto? Qué pasa cuando el único feedback del otro es el tono indefinible de un email, un mínimo mensaje en Whatsup a horas intempestivas, o un lapicito nervioso que vacila y borra un texto en Skype? Eso es lo que ocurre en el trabajo a distancia. O cuando -experiencia personal- uno no conoce a su jefe directo durante un año. La membrana corre riesgos.

Puede ser otro huso horario, otra cultura, otro idioma. No hay más horario “9 a 5”, no hay empleo efectivo. Se trabaja por un tiempo con un grupo de gente. Libertad sí, creatividad también, aprender…mucho. Pero lo malo es no tener el contexto de la máquina de café, el semblanteo, el “radiopasillo” en su versión útil. Aún en épocas hiper tecnificadas, muy en el fondo, los seres humanos necesitamos entender la forma en que se empujan esas membranas para no lastimar gente. En el fondo, todos somos proveedores de contexto.

Hay antídotos? Una reunión cada tanto con el equipo local, como la enviada estos días a Jomofis, es una buena ayuda. En un plano más general, tal vez estos skills adicionales de entender de qué va la cosa a la distancia se aprendan. Pienso incluir estas cuestiones en los trainings de Snark, aún a riesgo de que los “trabajadores convencionales” no sepan de qué les  hablo.  Pues finalmente nadie te prepara para la angustia de estar solo frente a la pantalla, decodificando y evitando paranoias, aguantando imprevistos valles y picos de laburos, o simplemente “gestionando extrañeza” –como hubiera dicho Juan José Saer, con maestría- para no caer en esta simplificación de las membranas.