Revisando archivos de viejos blogs propios en competencia -aquello que luego fue reunido en un único Snark- concluyo en que escribo acerca de cuestiones universales, vinculadas con la comunicación y su impacto en las empresas (más Cultura, menos Tecnología) y dejo algún lugar para “escritos”, cuestiones muy pequeñas pero poderosas: lecturas, actitudes, o tal vez pequeños dramas cotidianos como el que sigue.

Hace dos días salí a tirar la basura y algo me sobresaltó. Un pichón de gorrión daba saltos en el umbral, como queriendo regresar al nido del que probablemente hubiera caído. En uno de esos saltos logró alcanzar el cantero de la entrada de casa. Allí habría quedado todo, sino hubiera advertido con el rabillo del ojo un movimiento furtivo dentro del cantero. Moviendo las ramas con cuidado advertí que, con muy escaso esfuerzo, un gato acababa de encontrar su cena.

Contemplé al gato, yo aún atónito por la falta de instinto, olfato o fortuna del gorrión. Cada vez que salí, en la semana, el gato seguía allí en el paroxismo de la espera. Un consultor poco original hubiera hablado de la “zona de confort” gatuna; yo más bien intuyo metáforas no benevolentes donde más veces soy gorrión que gato, y me pregunto cuál será mi próximo salto al vacío.