El acontecimiento que tuvo lugar ayer con la expropiación de YPF me hizo acordar a mi propia prehistoria, allá por 1991, cuando me estaba recibiendo de Físico y realizaba mi tesis repartido entre el Balseiro, el Tandar y el departamento de Estudios Especiales de YPF.

Mi tesis era sobre aplicaciones de la física nuclear a métodos no destructivos de investigación de materiales. En el caso del petróleo, esto significa hacer descender una sonda de neutrones, analizar los rayos gamma que rebotan con el pozo e inferir si hay tal o cual material cerca. YPF estaba en una situación extraña entonces, pues en pleno gobierno menemista se estaba privatizando, y esto podía significar abandonar toda investigación.

Era el piso 13 del edificio de Esmeralda y Diagonal Norte, puro racionalismo de años cincuenta. Había decenas de personas que no trabajaban, secretarias espectaculares y amigotes de toda clase. Pero había algunos ingenieros y matemáticos que sabían, había libros, había fotocopiadoras… y había PCs! En la oficina del fondo había una AT386 para todos, y una planilla que gobernaba el reparto de turnos de media hora. Yo había instalado el procesador Chi Writer y competía en los turnos con el Word Pro de las secretarias y el PacMan de los amigotes del poder. Trataba de llegar a las 6 de la mañana con mi disquette de 5 pulgadas, antes que nadie para usar la máquina un poco más. Se tomaba café en grandes cantidades -creo que el mate en oficina es una reacción a los noventa. No tenía escritorio propio y luchaba por esa condición con cuatro o cinco becarios. Recuerdo esa época con el cariño que le tomamos a lo vano, a lo que se deshace, a lo que está muriendo -de hecho, no queda registro de nada de eso en Google-.

Casi al terminar mi trabajo, se cerró el programa de becas y quedé afuera. Con el permiso de los directores del departamento (mi agradecimiento eterno a Roberto Stockli y Ricardo Miró) pude seguir deslizándome de madrugada, evitando a los controles de la Planta Baja y terminar la tesis. Con eso pude publicar un paper al respecto en Elsevier , comenzar mi doctorado y tener el primer atisbo de que hacer ciencia en Argentina iba a ser muy difícil. El mantra de los iluminados de entonces era que “había que privatizar”, y eso se hizo con todo… incluído el desmantelamiento del Departamento, que dejó de existir. Recuerdo unos planos que titulados “Loma La Lata” una zona de gran potencial que recién se comenzaba a investigar, y que jamás se concluyó.

No digo que la investigación haya sido perfecta en esa época, pero en los años de privatización no se exploró ninguna otra zona, y las reservas fueron lógicamente en descenso. Hoy la lógica -el nuevo mantra de los nuevos iluminados- es la inversa. Se dice que “hay que estatizar y hay que gestionar”, aunque Kicillof desconoza lo que es el “bbl” (barril de petróleo). Alguien de La Cámpora sabrá de petróleo? Lo dudo. A alguien le importa la imagen del país péndulo, con peronistas que privatizan y estatizan al azar? Lo dudo.

Mientras tanto el individuo se mueve a expensas de los iluminados. Se hace lo que puede en la vida frente a los intereses de empresas y países. Hay que tener memoria e ideas claras; en tanto, yo creo que en la Argentina es un excelente momento para vender el auto y comenzar a andar en bicicleta.