Cuál es la probabilidad de que todos los días de tu vida suba al micro de vuelta un vendedor de CDs -of course truchos- y te despierte aproximándose a ofrecerte gentilmente su catálogo?

About zero, you may guess.

Y todo aumenta mi sospecha de que sea todo una gran Cruzada Absurda pero de dimensiones cósmicas, una especie de Truman Show berreta donde alguien que maneja las marionetas desee llamar mi atención -o al menos moverme a que escriba esto-.

Shit happens, este tipo es una versión pesificada de Freddie Mercury -dientitos, bigotito, kitsch- y tiene un estupendo timing conmigo en el 168. Lo que es peor, cada vez que sube yo estoy dormido y me hace saltar del asiento cuando esgrime su radiograbador compacto y hace vibrar el bondi con Valeria Lynch o a Madonna a centímetros de mi tímpano. Su catálogo es inagotable como el universo mismo, e increíblemente, algún pasajero siempre le pide algo y el invariablemente contesta: “Calidad audio, señora. Potente y con amplio rango dinámico”. Todo en un marco de seriedad. Yo me doy vuelta y espero que algún alma kolyikeana me haga un gestito de “quedate tranqui, yo también me di cuenta de que esto es bizarro”.
Pero nada ocurre.

Hoy me despertó a la altura de Juan B Justo con el horrible tema de Ghost.
Oooooooooooooh, m-my looooove, m-my daaaaaaaarrrrling.
Y se fue con su sonrisa de labio a labio, Freddie Argento, para vos, que lo pediste.