Fútbol cuántico

diffraction

 

El murmullo del Payaso Lugüercio no me dejaba disfrutar el partido. «Los jugadores se quejan, los presidentes se quejan, los propios árbitros se quejan». Mirábamos a Estudiantes en el LCD del bar, y en ese momento los futbolistas se le iban encima al referi, como atraídos por un imán lustroso. «El error parte de suponer que en los deportes de alta fricción las faltas existen; no son faltas, son eventos».

Estudiantes acababa de meter el segundo gol y la vida me parecía más justa. Aún así desvié la mirada del monitor: Lugüercio empezaba a desvariar. «Es como en la Física Cuántica. Hay determinada probabilidad de que sucedan las cosas. No se trata de un sí o de un no, de un foul, de un penal. Puede ser que la partícula aparezca, con tal probabilidad». Y me contó un caso de la vida real. Parece que una persona puede hacer «difracción» en una puerta, esto es, aparecer arriba o abajo del marco. Esto es posible, «solo que el Universo aún no se tomó el tiempo necesario para que esto ocurra», afirmó con jactancia. Mientras revolvía su aperitivo, dijo ensimismado «diez a la treinta y cinco segundos», como si esto me agregara algo. Le pedí al mozo que subiera el volumen.

Pero Lugüercio ya estaba descontrolado. «Acumularía probabilidad de fouls en faltas sucesivas. Varios empujones en el área que son casi penales se transformarían inevitablemente en penal. Sacaría por 5 minutos al que comete una infracción, sin expulsiones. Un tiro en los palos valdría una fracción de gol, ponele medio gol. No tiraría los penales, no hace falta: eso estadísticamente vale tres cuartos de gol. Concedería mínimos beneficios de la duda, resueltos con piques ligeramente oblicuos. Admitiría ganadores morales y hasta voto popular en las tribunas.»

Lo animé, con sorna. «Y los barras brava sabrían fracciones». Asintió, entusiasmado; creo que notó que lo estaba chicaneando, y se concedió una pausa. Seguí la discusión, gastando esa energía adicional que se requiere en tener razón. Le hablé del país, de nuestras dudas, de la escasa resolución de nuestros dirigentes. «No hay nada complicado; lo que falta es plata para administrar justicia». Pensé en el Estado, me imaginé un país con Resoluciones 125 administradas por azar, o embargos de jubilados al Banco Central resueltos por métodos cuánticos. Vislumbré un augusto Lugüercio envejecido en la Corte Suprema dictando sentencia con un difractómetro en la mano: temí lo peor. Mientras, el payaso recitó con un raído inglés del Nacional de La Plata una frase que lo redimiría ante futuras generaciones: «Whether our world is purely quantum or whether there is a factual transition to classical physics is open to future experiments.»

Todos los milagros necesitan un testigo. Fui yo quien escuché la frase. Pero entonces Huracán metió un tiro en el travesaño, y el encanto de haber entendido un futbol cuántico se disipó con rapidez.

3 Comments

  1. El Payaso Lugüercio dice que no es «muy bueno» sino que hay ciertas probabilidades, etc, etc.

    Thanks anyway.

  2. Bueno, Daniel Collico Savio, entonces digamos que el texto tiene excelentes probabilidades de ser muy bueno.
    Buen fin de semana.

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