Era verano en el año 1610 en Pisa. Galileo había logrado en pocos meses mejorar un telescopio holandés, negociar un cargo casi eterno con la Universidad de Pisa y tentar un mecenazgo de los Medici. Soñaba con las lunas jovianas recientemente descubiertas y quería ver más allá. El reciente trabajo de Kepler sobre los movimientos planetarios (áreas iguales en tiempos iguales) estaba en su cabeza.

Saturno era difícil de ver por lo distante. En Julio de ese año hubo noches especialmente límpidas y Galileo advirtió unas manchas alrededor del planeta. Con la experiencia de las lunas de Júpiter, su diagnóstico fue rápido. “Hay dos satélites muy cercanos a Saturno”.  Lo dibujó en sus cuadernos. Podemos imaginar que Galileo atisbó algo parecido a la imagen que acompaña este texto. Hizo algunos dibujos en su cuaderno de anotaciones. Jamás imaginó los anillos. Hizo su inferencia de manchas-satelitales-acompañando-al-planeta basándose en la poca información de que disponía y en la evidencia de Júpiter. En definitiva, Galileo hizo uso y abuso de la Estadística.

saturno galileo

dibujo galileo 2

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Los avistamientos se espaciaron. Saturno está “bajo” en su órbita y no siempre es posible de encontrar con un modesto catalejo. Pasó el tiempo. En la siguiente oportunidad que Galileo pudo enfocar a Saturno, las lunas habían desaparecido.  El asunto quedó al margen: Galileo dedicó gran parte de sus esfuerzos a defender sus teorías en Florencia. Con los años aparecieron dos científicos que tenían algunas ventajas. Christian Huygens poseía el mejor telescopio de los Países Bajos y en 1659  tuvo el valor de anunciar algo increíble para su época: “Saturno tiene anillos”. Jean-Dominique Cassini en 1675 pudo descubrir estructuras y matices dentro de los anillos, y anunciar la existencia de satélites alrededor de Saturno.

Casi cuatrocientos años después un invento humano sobrevoló Saturno y lo miró con precisión. La sonda llevó en su nombre el homenaje a los dos astrónomos que “mejoraron” a Galileo. Es la sonda Cassini-Huygens. El viaje duró veinte años. Las imágenes asombrosas que logró parecen cumplir con esa idea vaga de tener “toda” la información, y nos lleva a el debate estadístico de estos tiempos de Big Data y Analytics. Hay varios tipos de errores, de los que señalo tres:

  • Cuando creemos tener toda la información y no es así, hacemos inferencias erradas, como lo que le ocurrió a Galileo.
  • Cuando se abre una brecha y se consiguen los primeros “insights”, tenemos la tentación de trabajar solo con la info que confirme nuestras creencias (“confirmation bias”). El caso típico es el del Data Scientists que se defienden de críticas (pérdida de tiempo, gastos, problemas de mercado)  dando vueltas sobre la misma información: la que justifica sus creencias.
  • Finalmente un algoritmo puede tomar una mala decisión. Ejemplos? Autos autónomos, un tumor, una traducción. Ese algoritmo puede tener “bias”, estar sesgado, dejar afuera casos o “pesar” con énfasis extremo ciertos casos. A un convicto puede serle negada la libertad, una traducción puede estar mal hecha, una persona puede ser considerada vieja para un trabajo, sin demasiado sentido. Vuelve la frenología, o la nueva caza de brujas de la detección de gays.

Aún con la improbable certeza de efectivamente tener toda la data, nuestro cerebro tiene una serie de sesgos o “bias” cognitivos que nos alejan de la verdad. Jamás podemos entender todo, estamos cegados por nuestras creencias. Esta falencia se traslada inevitablemente a los algoritmos.

Significa esto Skynet? No, para nada. Pero que habrá mucho trabajo en entender a los algoritmos y a explicarle (a una senadora del Norte Argentino, a un regulador, a un cliente) qué es lo que hace exactamente una inteligencia artificial. Hay que explicarlo sin revelar la ventaja competitiva matemática. Y comparado con eso, imaginar los anillos de Saturno en una noche de Pisa resulta ser un asunto más bien fácil.

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