Harrods

La foto publicada hoy por La Nación me hizo pensar en que la belleza no tiene color ideológico ni signo político; que merece ser preservada, pero que otras veces decide autopreservarse, haciendo casos omiso de lo que haga la gente a su alrededor.

Imaginemos esas décadas de salones en silencio. Habrá habido cuidadores, o estas sillas del salón de peluquería habrán esgrimido un escudo indescifrable -contra decretos, contra patoteros, contra especuladores inmobiliarios-.

Pienso, finalmente, que el resurgimiento de la belleza tiene que ver más con alguna mezcla de azares, o más bien con que los destructores de belleza no se hayan enterado. Tiemblo pensando en futuros piquetes.

3 Comments

  1. estuve en harrod’s el año pasado. se abrió para el festival de tango (los dos últimos años) y el edificio es bello por donde se lo mire. espero que lo recuperen, porque salvo la planta baja que se utilizó, el resto estaba destrozado.

  2. Una lástima. Yo tengo recuerdos muy a lo Tim Burton de Harrods, mezcla de navidades donde la cartita hacía efecto, ascensores del pleistoceno, y meriendas con la conexión inglesa de la familia.

    Me pasa como con la Galería Pacífico, aunque esta quedó medio bri(sh)ito con la refacción.

  3. Un milagro que se haya salvado de tal manera. Hace años que estuve en el Llao Llao (a propósito de su reapertura por aquel tiempo) y no corrió la misma suerte: estaba repleto de obras de arte y muebles espectaculares que los saqueadores se encargaron de hacer desaparecer. Lo reconstruyeron, si, algunas piezas se salvaron pero el 90% ya no está…

    Abrazo

    Sir Charles

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