Y ahí va tu vida, con algunas hipóteisis más o menos triviales: que haya luz, que haya agua, que haya banda ancha. Pero claro, no vivís en una burbuja y lo poco que le pedís a la vida puede ser mucho. Puede ser que haya apagón en tu casa. Puede que ese apagón se combine con trombas marinas. Pero con un entusiasmo casi escolar, vas a un bar cercano a intentar conectarte.

Y sin embargo, puede ser que aún en ese bar también haya problemas. En uno de ellos tampoco hay luz. En un segundo bar, Fibertel no anda. Un cliente me dice que tuvieron un apagón y que “parece” que hay señal en los hotspots pero no hay. Nos miramos desconfiando mutuamente de nuestras explicaciones.

Al tercer bar la sospecha es que el fin del mundo está cerca. De tanto insistir tanto la laptop como el celular piden carga. Hay que avisar al trabajo, al otro lado del mar, que a esa call conference tan importante no llegarás. El fijo no suena, y no es extraño pues también depende de la electricidad. Pienso en llamar a Edenor para quejarme, pero para llegar al Call voy a tener que usar el teléfono negro de baquelita e intentar pulsos con la horquilla. Podré? En paralelo mi paranoia me dice que Edenor tiene el OK del gobierno para bloquear el 0800, y de esta forma negar la crisis energética.

Por suerte los SMS del celu parecen llegar a tiempo. En el cuarto bar –y esto ya no es hotspot sino Hot-Sport: buscar conectividad en medio del calor- hay un alguito de banda ancha que te permite engancharte al Skype y a la Call. Para recargar la laptop salís corriendo a una ferretería a buscar un adaptador. La call conference va por la mitad y el mundo parece sonreír. A la vuelta, en cada todavía no hay luz., y huyo al club llevando todos los cargadores –aún los de la afeitadora-. Id, sedientos del mundo, llenad vuestra caramañola de bits, cual nuevos rabdomantes. Ya vendrán las lluvias.