John Fante y el encanto de la escritura visceral

«A man of importance, ah yes, now I remembered, my publisher, he was getting in tonight by plane. Out at Burbank, away out in Burbank. Have to grab a cab and taxi out there, have to hurry. Goodbye, goodbye, you keep that eight bucks, you buy yourself something nice, goodbye, goodbye, running down the stairs, running away, the welcome fog in the doorway below, you keep that eight bucks, oh sweet fog I see you and I’m coming, you clean air, you wonderful world, I’m coming to you, goodbye, yelling up the stairs, I’ll see you again, you keep that eight dollars and buy yourself something nice. Eight dollars pouring out of my eyes. Oh Jesus kill me dead and ship my body home, kill me dead and make me die like a pagan fool with no priest to absolve me, no extreme unction, eight dollars, eight dollars …»

La prosa poderosa y fluida pertenece al final del capítulo 3 de «Ask the dust» de John Fante. Es un ejemplo de literatura energética, sin autocensura, nacida del rechazo y la pobreza. Fante me recuerda a Bukowski y a Carver. El primero le dedicó el mejor prólogo que jamás haya leído -ambos pertenecen a momentos y clases sociales similares en Estados Unidos, ambos son contrarios al sistema, ambos descubrimientos tardíos-. Dice Bukowski en ese famoso prólogo: «Fante was my god and I knew that the gods should be left alone, one didn’t bang at their door.»  Tiró de la cuerda, aflojó, volvió a tirar, y despertó a este Dios. Por su lado Carver es igualmente brutal y contundente en su prosa, pero dosificado en cuentos, con mayor «punch». En sus cuentos evitó extender coherencia a lo largo de doscientas páginas.

Fante fue, en fin, un luchador. Autor de una decena de libros, trató como su alter-ego  Arturo Bandini de ser publicado y de lograr reconocimiento. Pero su verdadera batalla era más rastrera y cotidiana:  comer y pagar la renta. Bukowski descubrió «Ask the Dust» por azar, y su lectura lo fascinó a tal punto de convertirlo en el principal impulsor de la carrera tardía de Fante. Este descubrimiento se produjo en la biblioteca central de Los Ángeles donde «iban los vagos como yo a leer porque al menos había baño». Desde 2010 la plaza aledaña a esta biblioteca lleva el nombre de John Fante. En la foto nos mira aburrido, casi pagado de sí mismo, un loser total sin redención que le sigue hablando a su ciudad desde estas páginas:  «Los Angeles, give me some of you! «Los Angeles come to me the way I came to you, my feet over your streets, you pretty town I loved you so much, you sad flower in the sand, you pretty town …»

 

1 Comment

  1. Pregúntale al polvo y Espera a la primavera, Bandini, creo que fueron sus obras maestras. Uno de los mejores escritores del siglo 20 para mi gusto

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