Hay poco que agregar al muy buen artículo de Ricardo Sametband en La Nación sobre los 40 años de Internet. La propia explicación de Kleinrock sobre cómo era todo en esos tiempos va de la mano con un nuevo fenómeno: la modernidad que de pronto se convierte en basura no reciclable, y la nostalgia que esto conlleva.

Aún tenemos en nuestro registro auditivo el sonido de los modems de 2400 baudios al conectarse dial-up a a línea telefónica (muy en línea con la explicación de Kleinrock). En nuestra memoria están las pantallas oscuras de las BBS donde florecieron los primeros chats. Sólo hace tres días ocurrió el apagón de Geocities. Me pregunto con qué tipo de saudades contemplaremos el pajarito de Twitter dentro de diez años.