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Hubo quietud de pajaritos que anunciaban con ternura algunos problemas menores. Luego tuvimos la ironía de los mismos pájaros -ya en plural y resignados- remontando la insigne ballena de 2008 a 2010, Melvilliana y pesada pero sonriente. La ballena fue la metáfora favorita del pesado tráfico en Twitter y como tal pasó por peleas con krakens, sólo interrumpida por búhos ominosos que preguntan quién andaba ahí, o por extraños murciélagos, versiones dark del ave twitteriana. Finalmente llegaron las mutilaciones confesas de robots, mostrando pinzas caídas y sonrisas ambiguas.

Twitter no tiene ningún problema en reconocer sus errores, y esto es lo bueno. Pero tengo mis dudas acerca del equilibrio de quien guía la comunicación de la red social: será un genio bipolar? O tal vez alguien con «problemas de actitud» que azuza al board de directores con sus tiernas imágenes cada vez que algo no anda bien? Imagino al CEO meneando la cabeza, casi desencantado con la honestidad brutal de quien lleva el PR. Me encantaría conocer esta puja interna, pero Twitter es opaco en algunos detalles.

Hace un par de años había escrito el post sobre La mutilación confesa en Twitter notando el cambio del robot y la pinza. Era algo sorprendente y positivo ante tanto acartonamiento 2.0. Ahora la galaxia de «failnimals» -me gusta llamarlos así- ha crecido y se convierte en un inventario de freaks del cual solo cabe esperar cuál será el próximo. En fin, cada tanto «Something is technically wrong» nos dice Twitter con una mueca. Yo brindo por esa estrategia de PR, mientras pienso que otro tanto podría decirse de mí mismo.