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El hecho no sorprende -lo vemos en cada casa- pero las estadísticas, sí. Existe algo nuevo llamado generación i-Gen que es la que le sigue a los millennials, que coincide con la aparición del smartphone de manera ubicua en la sociedad. Los millennials habían nacido con contacto casi continuo con web -y el “casi” marca la diferencia- y se los ve como faltos de compromiso, erráticos, vanos, etc. Los i-Gen nacieron con el smarphone en la mano, y fueron bombardeados con apps y redes sociales como soluciones básicas y gratuitas para todo.

Entonces qué ocurre? En vez de adolescencia extendida las estadísticas muestran infancia extendida. Y yendo caso por caso muestran mayor propensión a sentirse solos, a no poder dormirse, a no juntarse físicamente con sus amigos y a demorar su iniciación en banalidades (sacar el registro de conducir) y en cuestiones importantes (citas, sexualidad, etc).

Todo esto surge el artículo “Los smartphones destruyeron a una generación?” que apareció en The Atlantic esta semana. El artículo es bueno, está bien fundamentado y cubre unos 5000 casos en todos los niveles sociales a lo largo de años. Los datos están acompañados de anécdotas que lo tiñen de realidad: bebés que manejan iPads antes que caminar, adolescentes que se niegan a reunirse en el centro comercial “porque prefieren Snapchat”,  pseudo conversaciones con los padres pero con la mirada puesta en el celular (“el Blackberry look” a la manera de lo que decía Seinfeld ya hace años.

Vayamos hacia atrás. Cada cambio tecnológico trae a sus alarmistas. Los trenes y los telégrafos (ver figura) eran visto como demoníacos en la Inglaterra victoriana. Los satélites, el viaje a la Luna, la web, Facebook, Twitter, las aulas conectadas, la realidad virtual: todo tiene sus detractores. El caso de los chicos hiperconectados exige preguntar en cada hogar: Qué ejemplo le da cada padre? Cuánto tiempo le dedican a sus chicos? Les ponen limite? Juegan con ellos?

Estos padres son en Estados Unidos la generación X, que a su vez tuvieron el problema de tener que despegarse de los “boomers”. Y nada de esto es realmente nuevo si uno recuerda a Sherry Turkle, y su gran resumen: los chicos se aíslan en la pantalla porque no quieren arriesgarse a tener una conversación real. Porque tienen miedo a no ser “cool”. La gran mayoría de estos chicos están conectados (y mucho más ahora con el smartphone), pero están irremediablemente solos. Y a eso se agrega la “continua atención parcial” o CPA que hace que los chicos en primaria no puedan realizar la más mínima abstracción.

Dos líneas finales. Una para las Telcos, que están exactamente en la intersección entre Cultura y Tecnología. Cuánto pueden ayudar a la familia los Movistar, los Personal, los Claro? Muchísimo. Las Telcos personifican el celular y las redes; quién sino ellas pueden ayudar a evitar estos problemas con una buena educación?

Finalmente, las estadísticas sirven para trazar la línea que separa el alarmismo de la normalidad? Cuando se habla de una generación completa en Estados Unidos que será infantil, que no comparte, que no duerme, y que está en soledad… sin duda allí se enciende la luz de alarma. Hagamos las preguntas necesarias en casa y veamos cómo sigue el fenómeno.

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