Durante su breve paso por el Wanderers Fútbol Club, el pensador y extremo derecho Pablo Lugüercio tuvo oportunidad de esbozar un catálogo de diferencias entre gente a ambas orillas del Río de la Plata.

Lugüercio (a.k.a “el Payaso”) se refiere de este modo a los charrúas: “son afables y creen en el destino, a tal punto que al serles requerida una dirección señalan el horizonte e indican “por allá”, aseveran con un “seguro” bien acentuado en la sílaba intermedia, y en medio de una explicación intercalan “ahí va, ahí va”. Su despedida “pasen bien” denota el buen deseo por el otro, salpicado por cierta desidia. El clima oriental -en general más benigno, salvo lluvias torrenciales en Rocha- provoca cierta indolencia: su máxima aspiración en la vida es un trabajo estatal donde puedan “hacer playa” a partir de las 4. La comida es abundante, el Requesón, el postre Chajá y el dulce de leche Conaprole hacen mella en el colesterol de propios y ajenos.” Como se ve, el Payaso evita en su descripción caer en los lugares común del “tá” o el “pila”, sino que penetra en la hermética alma del ser oriental: un sujeto de buen talante que se conforma con una lenta decadencia acariciada por el sol de Malvín.

Hizo un extraño viaje iniciático al Cabo Polonio (ver foto) donde, en un precario registro civil, logró incluir una críptica “W” a su nombre. Tal vez fue su última aventura oriental: tras sólo cuatro meses de prácticas, el pensador regresó un Otoño a buscar otros desafíos en clubes argentinos del Nacional B. “Me molestaba la arena, vo” fue su declaración más recordada.