Es de noche, ya, el gimanasio ya cerró y no llegó aún nadie del grupo de trabajo al hotel. Sólo me queda pasear por los alrededores. Los barrios pobres están cercados entre los  cotos de caza de los ricos, me digo, mientras chequeo que soy el único caminante nocturno por la Avenida Das Américas, eyectado del hotel medio-medio bajo la lluvia hacia algún restaurant. Me han dicho que busque en un shopping, algo abierto habrá.

Definición de hotel medio-medio: tiene todas las comodidades pero desde que uno llegue siente el conflicto latente. Aquí el problema en la Barra da Tijuca es que no hay playa, o más bien es que ésta está lejos, con una laguna contaminada en medio. Parece que un gran caño lleva mierda de ricos a laguna de pobres. La noche muestra, bajo la lluvia y hacia la izquierda, una hilera de terribles condominios con seguridad. A la derecha, pasando Avenida Das Américas, lo que hay es un buen inventario de chaturas de distinto signo.

El hotentote de la entrada me dice, você maluco, você devería deixar de caminar pra lá. Pero yo quiero caminar. A mi mochila con todo -todo- dentro no le conviene un asalto. Tres cuadras después, llego al Barra Design, y de golpe todo es perfecto y somos todos rubios y las mulatas tienen piernas absolutamente derivables (C-infinito en la jerga). Hay un restaurant Italiano en el piso 3 donde me atienden como si fuera un auténtico marahato. Elijo unos fetuccini al funghi y le aclaro al mozo que no me apure con la bebida. Termino rápido, un expresso, y bajo las escaleras mecánicas en esa soledad tan evidente en los shoppings: cada vez más, la gente va de a veinte, a sofocar la pobreza de extramuros en grupos bien delimitados. Ir al shopping en grupos es la analogia offline del Twitter, emitiendo grititos de menos de ciento cuarenta caracteres.

Vuelvo sin el miedo de la ida: un perfecto decasílabo. Vuel-vo-sin-el-mie-do-de-la-i-da. Mastico el pensamiento de que Miami acaba de abrir una sucursal en Tijuca. El moreno de la entrada del hotel advierte sorprendido mi retorno en una sola pieza, sin daños. Sonríe. Viviré estos tres días para pelearme con el conserje.