Phubbing

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Phubbing es el neologismo que agrupa los significados de «phone» y «snubbing» (molestar). La ofensa consiste en que la persona presta atención continuamente a su actividad 2.0 en su teléfono (Facebook, Twitter, etc) en desmedro de quienes la rodean.  Quien mejor explica esto es Sherry Turkle en su charla TED «Alone together». Sherry, activa entusiasta de chats en los ochenta (tiempo de pantallas oscuras, juegos de rol y chats incipientes), ahora desalienta la excesiva actividad en redes sociales.

El phubbing llevado al extremo se advierte en niños y adolescentes incapaces de tener una conversación real. Ellos se escudan tras la imagen que proyectan en textos y estados en redes sociales. De ahí el phubbing: necesitan pasar al online, deben actualizar y defender esta «cáscara 2.0″ a expensas de la impresión negativa que causan en quienes conviven con ellos.

En Stop Phubbing se presentan ejemplos y estadísticas para alertar sobre esta costumbre, que es el «revival» del empleado público que prefiere privilegiar el llamado teléfónico por encima de quienes se esforzaron en presentarse en la oficina y hacer la cola. Estoy tentado de llamarlos «molestófonos» pero seguramente surgirá una mejor adaptación al Español.

12 Comments

  1. Yo les digo a mis alumnos: «La gente que no atiende en clase suele dar malos parciales y no aprobar, una manera de no tentarse, es apagar el celular cuando entran a clase y guardarlo donde no sea fácil sacarlo nuevamente». Pero no les hablo de cortesía o disciplina porque no saben qué significan esas palabras.

    Algunos me hacen caso y otros no, estos últimos suelen dar malos parciales.

    Abrazo.

  2. Es buena esa política. Yo en los últimos cursos trato de tentarlos en hacer lo mismo, anticipando que es la moda que se viene, «desconexión total» como para que se sientan incluidos en algo glamoroso. Resultado incierto. A diferencia de vos, me desmoraliza un poco cuando pierde la atención del 100%, y un poco lo tomo como una descortesía. Ahí acelero a un slide que habla de «presencia» (podés estar ahí y no estar, o podés hacer un curso genial en módulos de telepresencia, y es como si estuvieras ahí) y por ahí alguno recibe el golpe.

  3. Daniel, me gustaría sugerir a mis lectores la lectura de esta entrada, si no te parece mal.

    Un abrazo.

  4. Por supuesto, adelante. El blog es libre… eso sí, no otorga vidas en Candy Crush (:D).

  5. Ahí en la home subí un video que está teniendo bastante difusión. Sin una palabra, las imágenes ilustran bastante bien el fenómeno. Tal vez eso aporte algo más.

  6. Ya lo vi. Tenés razón. El phubbing es como una epidemia. Espero no caer… je je.

  7. Hola Daniel, soy uno de los lectores teledirigidos por el amigo Roberto.

    Creo que la posición que se mantiene en esta entrada, la que manifiesta Roberto en sus comentarios, y la mía propia, responden a una concepción digamos «tradicional» de la cuestión, según la cual la actividad que desarrolla una persona en las redes sociales de internet es algo que forma parte de lo que hace, y no de lo que es.

    Sin embargo, pienso que en esta materia se está produciendo, si no se ha producido ya, un «cambio de paradigma» (por usar la misma expresión que utilizan historiadores o psicólogos). Según la concepción «moderna» (término que se aproxima peligrosamente al de «joven»), la personalidad de un humano se define, en una parte muy importante, por su presencia y actividad en las redes sociales. Desde este punto de vista, que bien puede ser el de los alumnos que mencionáis, la «mala educación» consistiría en concentrar -aunque sea transitoriamente- toda la atención de uno en una única persona (el amigo presencial, el profesor..), y desentenderse de los «amigos cibernéticos». ¡No son maleducados, son personas modernas! :-D

    Aquí en España, ya he escuchado hablar del acceso a internet como un «derecho». Dentro de nada lo tipificarán como «derecho humano natural e inalienable» y se quedarán tan tranquilos..

    Saludos

  8. Hola Victor
    Las redes sociales, para mí, son sólo un canal más donde la gente se expresa. Tampoco las quiero demonizar (como se hacía con los trenes o con la misma TV cuando surgieron). Pero creo que hay un «mínimo de capacidad de interacción offline» que es umbral que estamos traspasando, por debajo del cual nos refugiamos en un estado de no-comunicación y donde proyectamos una personalidad digital. Eso no es bueno. Las redes sociales pasarán, y vendrá otra cosa, pero tendrán esos chicos las habilidades mínimas para sostener una conversación sincera, involucrándose con el «aquí y ahora»? Lo dudo un poco.
    Por lo demás, muchas de estas ideas las escuché de españoles en los inicios, en particular Castells y Cornella (quien acuñó el término «infoxicación»). No sé si el derecho a Internet es tal. Sí te digo que hay que saber ser personas, fuera y dentro de Internet.
    Gracias por tu comentario, un abrazo,
    Daniel

  9. Hola Daniel, yo también vengo derivada del blog de Roberto;
    Como allí comenté asusta pensar en la pérdida de capacidad de concentración en uno mismo, en lo que hace y en las relaciones cara a cara. Cierto es, no obstante, que para lo que de verdad nos interese ( como trasmitir sentimientos buenos o malos) sigamos buscando el método tradicional de la comunicación, porque el ciberespacio hay cosas que nunca va a poder suplir.

    Un saludo desde España

  10. Hola Marina, afortunadamente es así. Y para mí cada vez más la vuelta a la «cosa real» va a ser una especie de moda donde se prohíban redes sociales, excesos de comunicación, etc. Estos días, por ejemplo, estoy publicando un paper, y me abstengo de comunicarlo en redes sociales porque veo tanto exhibicionismo que prefiero falta de feedback y no caer en eso.

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