J trabaja para D, que trabaja para A.
J se mueve entre dos aguas: sabe, pero no lo demuestra.
Increíblemente se mantiene en su trabajo, aunque podría conseguir algo mejor afuera.
Le falta algo: orgullo, compromiso, cojones, alma.
Pero es buen pibe, aclara la gente.
Pero todos sabemos que el camino del infierno está sembrado de buenos pibes.
Sobre A hay opiniones diversas. Cuando termine la deriva histórica daremos -con magnanimidad, con aquiescencia, con palabras difíciles- nuestro veredicto.
Digamos rápidamente que se genera un conflicto laboral. Dobles avisos tardíos de A y J, un evento auspiciado por un amigo de A, a la sazón amigo mío.
Amigo? Un amigo menos en el camino.
Ladran, Sancho. Pero no avisan.
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Por suerte, todo terminó.
La historia completa figurará en algún libro que les haga justicia, pero sólo en un capítulo menor.
Los libros -decía A- se escriben solos. Otra mentira.
En el medio, que se encarguen los auditores de la Sigen.