Diapositiva1La moda entrepreneur en Buenos Aires tiene una nueva vertiente, la del Start-up Dating. Aquí entreprenuers y mentores comparten experiencias en un lapso acotado de tiempo. Hace un par de semanas, justamente,  fui invitado a una de estas reuniones; dejo aquí  una rápida lista de impresiones al respecto.

  • Voy subiendo las escaleras del lugar elegido (Carnal, un bar en pleno Palermo Niceto) y me pregunto si no me habré equivocado de sitio. La planta baja está oscura y casi vacía. Pero el evento es escaleras arriba, y allí cambia el ambiente.
  • Aún es temprano pero ya se produce esa pequeña aglomeración de propios y extraños típica de los eventos en Buenos Aires donde hay partes iguales de espontaneidad e improvisación. Logro pasar y me ponen el cartelito de «Mentor».
  • Qué es ser mentor? Qué se puede hacer en ocho minutos -el plazo de cada «cita»? Poca cosa: escuchar y dar algún consejo aventurado a un «startupero» elegido al azar, en rondas sucesivas. Seguro que no hay tiempo para discutir hipótesis de planes de negocio, pero sí para captar si el tipo entiende de su negocio y comunica bien la idea.
  • Hay una notoria división de aguas: los mentores ya están preparados, sentados, e increíblemente son mayoría. Los startuperos llegan en masa sobre el inicio del evento. Voy en busca de una cerveza; es un ambiente bastante informal.
  • Me la encuentro a Natalia Tamayo, me explica en persona la mecánica del evento, que ya se anticipaba desde la web. Miro hacia el fondo del salón: hay fotógrafos, poca luz, y algo de música. Mi lugar está al fondo, «encerrado» entre otros dos mentores. De pronto suena una vuvuzela, o algo semejante. Es la señal de largada. Comienza el ciclo de presentaciones.
  • Se acercan los startuperos como quien busca pareja en un baile, mirando con atención a los mentores, como si pudieran decodificar por su aspecto cual les será útil. Se forman parejas que duran ocho minutos de diálogo, y que se rompen al son de la nueva vuvuzela.
  • Me toca en suerte todo el espectro posible de startuperos: hay quien no sabe qué hace, quien no sabe quién es, y quien está desanimado. Pero también hay pequeños milagros, como los de uno que ya tiene el producto, la idea y la sensibilidad,  y otro que ya tiene algún cliente afuera. En ambos casos no me necesitan más que para algún detalle marginal.  Uno me hace una demo de una interesante aplicación de música. Le sugiero que se tome ya el avión a Berkeley.
  • Pasa casi una hora con ese ritmo. Escucho, pregunto, doy algunos consejos, muestro algunas curvas en la Mac. Es notable, mucha gente emprende pero no sabe hacer -o explicar- un plan de negocios. En los últimos cinco minutos quedo sin startapero a la vista, y hablo con la gente de La Canoa. Creo que sin quererlo me he puesto yo mismo en el rol de startupero y les explico mi proyecto. Todo va terminando. Algunos se quedan, tal vez por otra cerveza. Suena la vuvuzela final.

Me quedé pensando en tres consejos o sugerencias para la próxima vez:

  1. Para el evento hay cuestiones de forma a mejorar: asegurar más startuperos, ofrecer más espacio a los mentores,  subir la luz y bajar la música. Y que todos traigan tarjetas personales!
  2. Para start-ups, pensar en este «Maslow» de necesidades: como mínimo saber definir en una línea qué hacen / quién es su cliente final / en qué es diferente / de dónde vienen los ingresos (al menos estimación PxQ, precio por cantidad) / saber de crecimientos lineales o virales / cual es la «estrategia de salida» / saber explicar los costos
  3. Más ambicioso: sería bueno hacer subir a una start-up para que debata estos puntos en el frente con un mentor. Sería un training para ellos y para el resto. Testear las  hipótesis de cualquier negocio, o explicar un BP en detalle, responder a una «cuenta de almacenero»… es lo que va a hacer, en definitiva, ante gente más agresiva o con menos tiempo, en el «momento de la verdad» en que pidan inversión.