territorialidad en twitter

  • Alguien pinta un graffiti en la pared de tu casa.
  • Otro, en tu ausencia, pone una calcomanía en tu auto.
  • En el subte, camino al trabajo, una persona te empuja de a poco, te saca tu lugar.
  • Un contacto te etiqueta en Facebook en una foto que te resulta ajena.
  • Alguien retuitea cosas que no te interesan. Todo el tiempo.

Estas situaciones tienen en algo en común: lo que se invade es nuestro territorio. Las tres primeras son de la vida «real», las restantes pertenecen al online. Carl Sagan refería, en su excelente Cerebro de Broca, que la zona más profunda de nuestro cerebro alberga el llamado “complejo R”, responsable de la territorialidad y de la sexualidad. Nos molesta terriblemente que nos invadan, en lo más profundo somos como reptiles… y si quedan dudas, la “R” del nobre de esta zona cerebral viene de “reptil”.

Danny Miche es un periodista de tenis. Aporta alguna información deportiva, y como hace seis meses ha editado un libro, lo publicita -a mi juicio en exceso- en Twitter. Disparó, hace poco, sobre calcos: una invasión a su territorialidad. Luego del correcto intercambio «epistuilar» que se aprecia en la figura de este post, y yendo más allá de la anécdota, propongo repensar con números cómo usar un espacio común como el timeline sin ser invasivos para nuestros prójimos-reptiles.

Veamos: Miche tiene unos 45 mil tuits en su historial. Entró al Barrio Twitter hace poco, en Abril de 2010 (según Twopchart), tuitea unas 30 veces por día. Una búsqueda de “maldita davis” o de “@malditadavis” dentro de su timeline arroja unos 8 tuits diarios en promedio estos días, lejanos ya al lanzamiento del libro. No me atrevo a buscar más allá, ni me pronuncio sobre hashtags pagos.

Vuelvo a mí. Tal vez mi propia territorialidad explique que me moleste la autopropaganda excesiva en Twitter. Estoy convencido de que el timeline es un espacio común donde se crea, se comunica, se hacen chistes, se reflexiona. Se aporta para la causa común y no solo para la conveniencia propia. Me dirán, “basta con que le hagas UF a Miche” (unfollow, dejar de seguir). Es lo que sugiere Jorge Daffis en el diálogo. Yo sugiero que pensemos un poco más. Cúanto más efectivo sería Miche en su comunicación si sólo después de una información relevante avisara sobre su libro? En este caso estaría atando la promoción al rendimiento profesional. Mucho, no? Mi norma: cada nuevo post de mi blog merece solo un tuit, y si corresponde, un posteo en Facebook. El año pasado escribí un paper sobre VoD (el equivalente al libro de Miche) y lo mencioné unas 4 veces en seis meses, en las contadas ocasiones en que hubo contexto. Me dirán ahora, lacónicamente: «4 <<< 8*180 = 1440″. Eso me convierte en el anti-Promotor? Quedé muy abajo del «efecto Miche»? Probablemente. No lo sé.

Finalmente, no pretendo tener razón. Estamos edificando los criterios para las redes sociales donde se proyecta nuestro “yo” más íntimo –y territorial-. Solo digo que puesto a elegir, prefiero a quien no retuitea demasiado lo propio, y a quien favorece lo que pueda resultar interesante a la mayoría de la gente.

Desde su avatar, Miche nos da su propia respuesta: sostienendo su libro como un escudo que lo protege de las iras del complejo-R ajeno. Pero como él mismo dice, «respetando a la gente».