digital_for_europe

En una negociación de video que llega a buen puerto, una Telco o una Cablera acuerda con un Estudio las condiciones para disponer de un cierto contenido para un proyecto de OTT. Los abogados van redactando documentos de sucesiva complejidad (Memo, Deal Memo, Long Form Agreement, etc) que poseen una serie de claúsulas como las siguientes:

  • La definición exacta del servicio de OTT a brindar.
  • La explicación acerca de la forma tecnológica de transmisión del contenido
  • Una lista de títulos por año de contrato (*)
  • Detalles de formato, calidad de imagen y metadata (ejemplo subtítulos)
  • Precios o revenue-share según tipo de contenido y calidad de imagen, y eventualmente los temidos «minimos garantizados» que se pagan como adelanto.
  • Ventanas y períodos (muy claramente, a partir de qué meses se pueden exhibir tales contenidos)
  • La cuestión de los territorios que ocupa actualmente las noticias.

(*) Recordar aquí la diferencia, TVoD es películas en estreno y SVoD mayormente es series y películas de alguna antigüedad.

Por qué se habla estos días de territorios? Los contratos de OTT usualmente se acotan a uno o pocos países y a períodos de vigencia cortos (en promedio, tres años). Qué consecuencia tiene esta fragmentación geográfica en la redacción de los contratos?

  • Algo tan sencillo como el menú que ofrece Netflix varía de país en país.
  • Los derechos EST de iTunes que en teoría significa que puedas ver una película todas las veces que quieras durante toda tu vida (99 años en la nube se parece a la eternidad) se diluyen al cruzar fronteras.
  • En una negociación en LATAM, el intento de incluir países como Brasil o México implica que los Estudios aumenten x2 o x3  veces sus pretensiones. El argumento es debatible: la mayor población no siempre implica de manera lineal una mayor audiencia.
  • Es casi imposible pensar en OTTs para etnias dispersas en países de gran población. La cláusula territorial hace que el proyecto pague por toda la población de un país y no por una cierta audiencia de nicho. La excepción reciente es TuYo, lanzado en Mayo de 2015 para gente con ascendencia hispana en Estados Unidos.

Salgamos por un momento de OTT. Las situaciones de la vida off-line gozan de un marco legal. Para viajar dentro de Europa no hay fronteras, a la vez que situaciones como divorcios y muertes están contemplados por leyes que indican cómo se reparten los bienes. Sin embargo algo tan sencillo como poder ver una serie durante un viaje no está previstos en los contratos. A menudo un viajero cruza una frontera y se acaba la serie, o el acceso a un e-book. Esto tiene profundas consecuencias económicas, algo así como 11 Bn de Euros por año, según las estimaciones.

Estos días se está tratando de avanzar en este vacío legal. Durante 2015 se debatió  el concepto Digital Single Market (DSM) en Europa. Las discusiones parlamentarias en Bruselas se han centrado en temas muy variados:

  • Avances en aspectos de privacidad de la información
  • Posibilidad de eliminar el roaming en zona Shengen
  • Dar solución a los vacíos de copyright, e incluso reglamentar a un Copyright único para Europa.
  • El detonante de este post, la necesidad de converger en un DSM o  «mercado digital único» para contenidos.

“Ya hemos creado un mercado común para objetos físicos en Europa, por qué no podríamos hacer lo mismo en materia digital?” Andrus Ansip, quien dirije la Comisión Europea, afirmó esto hace días.

El pasaje de la vida offline a la vida online exige simplificar muchas restricciones actuales. Esto es trabajo de legisladores y tecnólogos con criterio. Lograr DSM por regiones es simplificar la territorialidad de los contratos, hacer más eficientes las OTT y ahorrar millones en baja de clientes y negociaciones redundantes.  Esperemos que en algún momento estos conceptos lleguen a Latam y podamos avanzar en negocios de mayor volumen y más eficientes.