Un zombie no es un K

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Todas las hojas son del viento. Y de los barredores, creo. Son las 7AM y vuelvo de dejar a mi hijo en la parada del subte, y no salgo de mi asombro: en la cuadra hay tres barredores municipales. El verde de sus uniformes destella bajo el claroscuro del amanecer. La mayoría aún duerme en el sueño que es el gran igualador de la sociedad. Somos tan distintos, pero soñamos casi lo mismo. Hasta que el día irrumpe con sus diferencias y decididamente ya no somos iguales.

Me pregunto por qué no veo policías y sí barredores. También me pregunto quién habrá diseñado las veredas: si el espacio de tierra alrededor de los árboles fuera algo mayor, no habría inundaciones y las hojas podrían amontonarse allí y cumplir su ciclo natural. Me pregunto por qué no veo zombies caminando por las calles. Podría haberlos. O podrían ser huestes K luego del Gran Fracaso Nacional buscando sus Planes Trabajar. Pues qué ocurrirá cuando no haya dinero de la soja o de YPF para pagar reelecciones, subsidios o meramente votos?

Hace poco leí una interesante teoría matemática sobre zombies. Me gusta el título, los autores tuvieron la audacia de mezclar matemáticas con Sci-Fi. «When zombies attack!: Mathematical modelling of an outbreak of zombie infection» es el título. El artículo tiene ritmo y es tan divertido como el falso paper de Sokal y el revuelo que causó en la Academia. Hicieron ruido en la conferencia donde presentaron el paper. «Hey, no somos tan nerds», habrán dicho. Pero son de Ottawa, una sociedad ordenada, un Maslow sin fisuras. La mayor preocupación es el frío y la tristeza. Un zombie, de mañana temprano caminando sobre las hojas sin cerebros alrededor: eso es frío y tristeza.

Hay gente que se ofende cuando uno se ríe de la Ciencia. Es gente «rigurosa». Que tan malo es entonces cuando un gobierno se ríe de una sociedad, entonces. Ejemplos: cuando se dice que no hay que trabajar, o no se controla la inmigración ilegal, o no hay leyes penales, o se controla la comunicación del estado de un modo stalinista. También cuando se defiende a los Boudou o a los De Vido,  en suma, cuando se distorsiona la realidad: los trenes no chocan, las empresas se confiscan y los dólares no existen al cambio oficial. Estas realidades paralelas han florecido en la Argentina en los últimos años. Y uno se ha encontrado que hasta conocidos o amigos se dan vuelta. Incluso se comparten claustros o clubes con ellos. Sonríen, parecen buena gente. Pero también son la claque en los ámbitos del poder, y les va muy bien en sus negocios. La AFIP no los persigue y les dan dólares para sus viajes. A veces  retrucan «Y a vos qué, te gusta Macri?». No, a mí no. «Y qué, por lo menos nos ocupamos de los pobres» Les dan casas que no sirven, con sobreprecios de Shocklender, buscando votos a futuro. «No pasa nada con Boudou, además en todos los gobiernos roban». Pero yo les hablo de este gobierno, de cosas que ocurren hoy, aquí. No en un paper canadiense.

Pero olvidemos mi enojo, como quien olvida la Constitución. Me preguntarán tiernamente por las matemáticas. Según el paper, hay tres poblaciones en conflicto, los zombies (Z), la poblacion susceptible de ser infectada (S),  y los zombies eliminados -que pueden regenerarse al tiempo- (R). Tres ecuaciones diferenciales con ciertas tasas de crecimiento. Debo explicar la analogía? Si dijera que los K son zombies el chiste perdería su gracia. Sólo diré que en el paper la conclusión es que la población no infectada debe mantenerse en cuarentena y «atacar en corto tiempo». Notemos que los zombies también  «van por todo» y extinguen los recursos del sistema. A esta altura creo que el bueno de Néstor había sentado las bases zombie-fundacionales antes que Roger Corman o George Romero. En todo caso queda claro que los K son la población Z del modelo, y van convirtiendo a actores con menores luces. Enumeremos: agitadores, bloggeros K, espectadores de 6-7-8, votantes que reciben menores prebendas, fanáticos de bajo fuste. Así, en la vida real la población S se va entregando pues «hay que pagar las cuentas». Nos pasa a todos. Pero ocurre algo bueno: a diferencia del Sci-Fi, cuando un K fenece (por causas naturales o mera suerte) no resucita.

Me dirán que extiendo mucho la analogía. Que soy un soñador. Pero no soy el único, diría John Lennon. El Financial Times recoge el guante, lo llaman Zombie Maths y lo aplican a corridas cambiarias y a crisis de distinto tipo. Y ponen en guardia al público con la advertencia de que «el único remedio es un ataque masivo y sincronizado». Viniendo de ellos, lo tomo como un keynesianismo moral, una especie de «no nos dejemos engañar por nuestros ex-amigos K».

Por qué me molesta tanto la difusión K? Creo que es su pretensión de santidad lo que más  me jode. Menem era grasa y no nos vendía otra cosa al subirse a la Ferrari;  robaba de igual modo. Con los K siento que efectivamente se me acerca un zombie y me trata de convencer de que él es bonito, que Clarin es malo y que habrá un Cerebros para Todos. Pero todo es una mentira. Un policía es más necesario que un barrendero. Hay que educar a la gente para que sepa que no todo es comprar el celular en Miami o vivir pendiente del Black Friday. Hay que dejar a la Justicia (por más mala que sea) hacer su trabajo. Déjennos pensar de manera independiente, que no seamos barridos como hojas por no ser complacientes con cada nueva locura.

Igual, no todo es tan terrible. Un zombie no es un K. Sólo quiere tu cerebro, no te exige reivindicaciones históricas,  ni le espera una interna con el peronismo sindical. Y hasta tiene el encanto de que nos recuerda la estética ochentosa de Michael Jackson.

2 Comments

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