El VoD (Video on Demand, la oferta de películas y series a través de Operadores) no es solo una extensión del ciclo de vida de las películas, un formato tecnológico, un precio o una forma de hacer negocios entre Operadores y Estudios. Es una mezcla de todas estas visiones, y requiere cierto arte en su concepción comercial, por una sencilla razón: es un concepto reciente. No siempre los proyectos de VoD son un éxito. Se requiere mayor conocimiento para que todo ajuste perfectamente.

Además -y tal vez esto es lo más importante- el VoD cambia la forma en que apreciamos el arte. El cine recoge en el siglo XX la tradición literaria; las series lo hacen hoy, en esta parte inicial del siglo XXI, en la modalidad «binge viewing». Es otra cosa, pero es tal vez el último bastión del arte. Es libre: no hay publicidad indeseada, no hay horarios, no hay una pantalla definida. Hay compulsión. El impacto cultural que esto causa es enorme, y es el tipo de cuestiones que interesa en este blog.

La charla que se ve más arriba es un resumen de estas «piezas» que deben encajar, y es lo que presentaré hoy en el Foro de Televisión Digital que tiene lugar estos días en Buenos Aires.