Warhol por un día: en el panel de “Argentina para Armar”

Los estudios de Artear están a tres cuadras de mi barrio natal: un foco de glamour en medio de la decadencia total de Constitución. Llego primero al estudio, puedo observar tranquilo la nube de asistentes, técnicos y productores de menor y mayor rango. Parece el melodrama de Los Pells: ejercen mutuamente el poder unos sobre otros. Los de menor casta te acompañan al baño para que no te pierdas o te aconsejan sobre esa gota de té que acaba de caer sobre tu camisa. Parecen contentos: una felicidad casi zoológica, tamizada con animal print. Los de mayor jerarquía se comunican con el camarín de la conductora, que tiene algún problema de salud.

Llega el resto del panel, conozco a algunos. Las mujeres están preocupadas si “dan” o “no dan” en la pantalla. Son los milagros de la silver screen: se es creíble o no en dos dimensiones. Nos ofrecen sandwichs, nos plantan micrófonos, me pregunto si mi verdadero yo me saboteará. Me repito: no debo interrumpir a nadie. Decido ponerme la corbata para tapar, finalmente, la mancha de té. Vamos al estudio en lenta procesión; nuestros lugares están fijados de antemano según alguna algoritmo oscuro. De pronto se encienden las luces y las almas parpadean: esto es estar en TV.

“Oh love oh love just to see them / Acting on the silver screen, oh my.

Clark Gable, Fairbanks, Maureen O’Sullivan / Fantasy would fill my life and I

Love fantasy so much.”

Llega María Laura Santillán. Es menuda pero de algún modo irradia poder -no es belleza, es influencia-. Nos saluda con dejadez, me dice, ésa es tu cara de enojado? Le respondo con una mueca. Surge una componenente horizontal de la gravedad que nos empuja contra el respaldo: eso se llama dignidad. Empieza el programa: todos los clichés se arremolinan sobre el escenario, todos los conceptos quedan olvidados. Casi, casi, la historia de mi vida: me siento dentro de mi cabeza, a diez millones de años luz. Intervengo poco, creo que digo algo razonables sobre el final. Hay que adaptarse al cliente, saber Inglés, tender buena banda ancha. Eso vale, digo. El programa concluye.

“Did you see in the morning light / I really talked, yes I did, to Gods early dawning light

And I was privileged to be, as I am to this day / To be with you. To be with you.” (*)

(*) La canción “Friends of Mr Cairo” (Jon Anderson & Vangelis) está inspirada en la fascinación por tres películas clásicas: “El ladrón de Baghdad (1924), “El halcón maltés” (1941) y “Una vida maravillosa” (1946).

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