CoVid 4: Matriz de Esencialidad

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Acomodo las cosas en la mochila. El agua horada la piedra y llega, por gravedad, hasta el último vericueto del terreno. Del mismo modo el virus pudo llegar a todas las poblaciones. En la radio el periodista de la radio disidente anuncia otro país sin virus en el Norte. Aquí en el Sur las cosas tomaron otro camino. Apago la radio y miro el monoambiente deshecho: creo que está todo listo. En unos minutos podré salir.

Hoy es el día. De 3 a 5 de la tarde pueden salir a la calle aquellos ciudadanos con un 30% de Esencialidad y número de documento impar. Una matriz de 32 dimensiones (enumero algunas: alineamiento, empatía, sentido patrio, respeto, sororidad y conducta en los parques) nos guía y determina, algoritmo mediante, la conducta del individuo. La gente a duras penas entiende esta matriz y se la explica a menudo en los medios, tras el parte con los valores habituales (climas, tipos de dólar, pensamientos extraños, víctimas de femicidios). La fecha en la pantalla me confirma que estoy habilitado para salir : 15 de Marzo del Año 5 tras la pandemia.

Voy bajando por Matienzo. Los esenciales y miembros del partido pueden salir siempre, los veo abriendo cada día las escuelas cerradas. Ya no hay clases, pero los colegios son centros de abastecimiento. Trato de llegar hasta los restos del Club atravesando Colegiales y Palermo. Los empleados habían tomado las instalaciones tras la falta de pagos en el año 3. Hubo acuerdo con el sindicato pero todos habían perdido: no se prestaban servicios, no se pagaban sueldos, y los viejos socios en teoría no podían entrar. Pero había excepciones. Ya estoy llegando a la entrada del Club.

– Señor! Señor! Fíjese en la app, me toca entrar.

En el cemento sin árboles de la entrada una señora envuelta en animal print levanta su celular y  trata de entrar al natatorio, que es una charca de agua turbia rodeada de mosquitos. El vigilante chequea sus datos en el sistema. Todo está desierto y el silencio es apenas roto por el diálogo y el sonido de chicharras. A la luz del otoño la mitad de la pileta estaba en sombras. La señora logra pasar y avanza por el santuario ruinoso: decadente, altiva, con los pies arrastrando fango. Nada hace pensar que fuese a nadar; pero chapotear el lodo, aún salpicando sus calzas, parece ayudarla a conectar el pasado con el presente.

Los socios sin derecho a pileta usamos una ducha junto a la vía del ferrocarril para refrescarnos. Nos había quedado la costumbre tras muchos inviernos sin vestuarios ni agua caliente. Pero en el Año 3 al CoVid se le sumó la Inundación y el agua del río llegó hasta Figueroa Alcorta. Fue una suerte, en el ancho de la avenida pudieron establecerse algunas amarras y aún salían veleros hacia el Uruguay. Se puede decir que el Club, gracias a la inundación, pudo llegar al Río. Como remontando un legado náutico. Alguien me saluda.

– Sabés algo de Carlos? Hace rato que no aparece.

Muchos socios no vuelven y hay teorías para todo: el virus, la economía, el desinterés. La prensa habla de rebrotes y de octavas o novenas olas. Se desconfía de los encierros pero se los acata. Ya no hay kits de testeo y las vacunas no hicieron efecto. Resta esperar que el virus haga lo suyo y recibir la Renta Universal mensual, a cambio de quedarse en casa. Las pantallas hacen el resto y la gente ocupa gran parte de su tiempo en las Escuelas Abastecedoras (70% de esencialidad), propalando noticias falsas en redes sociales (80%) u opinando en canales de cable (90%). La Razón Última acerca de cada cuestión la establece un Comité Verificador que lentamente ha reemplazado a la Justicia. En el Mecanismo de Razonabilidad interviene el ranking matricial del sujeto opinador, la ausencia de antecedentes policiales y variables ocultas (casos de dengue, venta de sábanas y avistamiento de meteoritos). Dicen que una vez yo tuve razón, pero ya lo olvidé. Me llama la atención el vigilador del Club.

– El barbijo, señor.

– Pero al aire libre se puede estar a cara descubierta. O no?

Todo es cuestión de matices. No se habla tanto del virus, sino más bien de protocolos. En el Sur el verdadero problema se ha reducido a las formas. Cada tanto llega un avión con misiones del Fondo y vacunas sobrantes. Las pasaportes sanitarios desaconsejan o prohíben el viaje a estas latitudes. Sin embargo surgió un turismo de altísimo riesgo muy celebrado en las elites mundiales. El «Argentina Virus Tour» incluye contacto con locales en asados y canchas de fútbol (Esencialidad 98,5%) y el eventual derecho a una prestación de terapia intensiva.

Hay esperanzas. En el país florecen pequeñas zonas zonas virus-free donde no hay actividad, comercio o redes sociales. La gente disfruta el clima, hace deporte hasta morir y es opaca a las redes. Son un elite sucia y probablemente deshonesta que ha renunciado a su salud. Por supuesto, esta gente tiene un scoring bajísimo, no vota, no tiene celulares y ha renunciado a su renta.

Pero hay algo más que inquieta a la sociedad, y que se conversa con sigilo en la calle. El gran problema es estar adentro. Se extraña el afuera, la oficina, el contacto casual con extraños. Ya no se da eso de mirar gente desde un café. Cómo decirlo:  si uno está afuera, deja de ser mirado por los propios. Estar afuera es ser anónimo. Se extraña la soledad, no ser nadie y estar afuera de la Matriz. De pronto suena activa el micrófono de la zona de duchas.

– Señor, retírese. Ya se agotó su tiempo. Que tenga buenas tardes.

La toalla del Decathlon ya casi no seca, pero con el calor no importa. Voy caminando de regreso. Atravieso la ruina de Pacífico. Pienso que el sentido común debería llegar hasta la última instancia de las cosas, como el agua o como el virus. Pero se nos van acabando las excusas y los artilugios.  Un club sin vestuario, un bus sin asientos, una linea de metro sin estaciones. Una renta por no hacer nada. Una escuela sin chicos. Un gobierno sin justicia. Una matriz con infinitos niveles. Un árbol sin hojas. Un adentro sin afuera.

2 Comments

  1. Muy bueno
    Te felicito por la ocurrencia y la visión de futuro

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